miércoles, 15 de octubre de 2025

LA CADENA DE AZARES Y CHIRIPAS QUE HA HECHO DEL INGLÉS LA LENGUA MÁS IMPORTANTE DEL MUNDO

Rafael del Moral

El Confidencial, 27/08/2025

El habla de los anglos, en sus orígenes un pueblo germano campesino y guerrero, ha estado varias veces a punto de desaparecer, pero ha superado las adversidades hasta convertirse en el idioma global.

El dominio actual del inglés es el resultado de situaciones afortunadas y coincidencias azarosas, casi siempre favorables a los británicos. Cualquier cambio en la historia podría haber frustrado su expansión. ¿Cuáles fueron esos momentos en que podría haberse debilitado la actual lengua más importante del mundo? El inglés fue, hace muchos siglos, lengua de un pueblo germánico campesino y guerrero, los anglos, una de las tribus vecinas del Imperio romano que ocupaba territorios al otro lado del Rin, frontera noroccidental del Imperio romano. Aquellos germanos, divididos en tribus, ocupaban la mayor parte de lo que hoy son Alemania, Países Bajos y sur de Escandinavia. Probablemente no tenían conciencia de grupo. Al igual que tantas otras hablas, estaba llamada a la desaparición, pero inesperadamente superó las adversidades. Anglos, sajones y jutos, tres de aquellas tribus, se desplazaron a Gran Bretaña para ayudar a los britones en su lucha contra los irlandeses en el año 449. El inglés era por entonces una lengua ágrafa, mucho más preparada para su desaparición que para su permanencia, pero sorprendentemente superó la primera prueba y no se extinguió como las lenguas vecinas. En 1066 podría haberse producido un cambio que habría postrado al inglés para siempre y habría dejado la hegemonía al francés. Me refiero a la invasión normanda de la isla. Si la progresión hubiera seguido el camino que ya parecía trazado, la lengua internacional predominante podría ser hoy el francés, y no el inglés, pues los invadidos aceptaron con normalidad el cambio. La mayor parte de la clase dirigente, política o religiosa, fueron, sin excepción, francófonos, y las únicas lenguas de transmisión escrita, el latín y el francés. En un par de generaciones, la clase social alta marginó al inglés y se avino, sin discusión, a la lengua de los gobernantes porque eso es lo que desde siempre aconsejaban las costumbres. El papel social del inglés había sido alterado. Pero sucedió que la clase dirigente, tanto la advenediza como la local, perdió los contactos con Francia a lo largo del siglo XIII. Inglaterra se transformó en una entidad política cada vez más distante y desconectada de sus vecinos continentales. La lengua principal siguió siendo el francés, pero las relaciones con los hablantes de inglés, que era el pueblo, exigían el conocimiento de ambas. Sorprendentemente ese uso obligado hizo que el inglés se asociara cada vez más al reino de Inglaterra. Había tomado cuerpo en el ejército, nutrido de clases populares. Luego en las clases medias de la corte, y después se introdujo en las altas hasta extenderse como la principal lengua escrita de la administración a mediados del siglo XV. Un proceso excepcional y muy poco habitual en la evolución natural de las lenguas. Ese nuevo inglés ya es el actual. Y lo más sorprendente, no salía humillado de la larga convivencia, resucitaba sólido como lengua de una nación. Era la segunda situación azarosa y favorable a los anglófonos de la Edad Media.

Situémonos ahora en el objetivo de la Armada Invencible. Imaginemos que el Duque de Medina Sidonia, que dirigía la flota, no hubiera tenido aquellos errores fatales en su planificación y táctica; imaginemos que se coordina con éxito con Alejandro Farnesio en Flandes y se instala un sistema de señales costeras y escoltas rápidas para comunicar los movimientos; imaginemos que un clima favorable permite avanzar en bloque; que la flota inglesa sufre las dificultades habituales, que la Armada Española logra establecer un punto de desembarco el sur de Inglaterra; que desciende un contingente combinado de Tercios españoles y tropas flamencas que derrotan a las fuerzas locales mal organizadas; que se produce una rebelión católica interna en algunas regiones, especialmente en el norte; que Isabel I huye o es capturada, y que Felipe II impone un régimen católico en Inglaterra con un monarca dependiente. Si imaginamos todo eso, Inglaterra retorna al catolicismo; el papado recupera su autoridad y desaparece el anglicanismo, España consolida su dominio y en ese caso América del Norte no es colonizada por ingleses sino por españoles y franceses. Australia y la India podrían haber tenido un destino diferente y la Revolución Industrial inglesa podría retrasarse o no ocurrir, al no existir el mismo impulso mercantil y científico que se dio bajo el sistema británico. Si todo eso sucede, el idioma español podría haber salido más dominante globalmente, incluyendo partes de Norteamérica y África. Shakespeare no habría escrito sus obras, o lo habría hecho bajo censura o en el exilio. La literatura, la filosofía política liberal (Locke, Hobbes) y la ciencia inglesa (Newton) podrían no haber florecido. Y en su lugar, la cultura española del Siglo de Oro habría tenido mayor influencia global. Pero sucedió lo contrario. Era la tercera situación azarosa y favorable a los anglófonos de la Edad Moderna.

El impulso americano

Y habría más momentos de suerte, pero pasemos al año 1921 cuando el Imperio Británico había alcanzado su mayor extensión territorial. Lo que lo podría haber frenado era otra lengua europea expansionista. En las etapas de colonización sus competidoras fueron el francés, el español y el alemán. Pero el español perdió sus posibilidades en la batalla de Trafalgar, y después a lo largo del siglo XIX. Hubo, sin embargo, un hecho que podría haber modificado la trayectoria de las lenguas de Europa, la victoria de los alemanes en la Segunda Guerra Mundial. Si el nacional-socialismo vence a los rusos y si Estados Unidos no interviene podría haberse creado una superpotencia europea con el alemán como lengua de la gran nación. No es un deseo, desde luego, sino uno de los posibles recorridos de la historia. Nadie sabe lo que podría haber sido de las lenguas con el liderazgo del alemán, pero sí sabemos que tanto el griego como el latín y el ruso consiguieron su expansión gracias a las victorias en las campañas militares y el ensanche territorial. Es difícil de imaginar, pero no imposible, que una victoria del Tercer Reich hubiera hecho del alemán una lengua con una fuerza internacional. Era la cuarta situación azarosa y favorable a los anglófonos de la Edad Moderna.

La imagen que más contribuye al crecimiento del inglés, por encima de las nacionalidades, es la de una lengua esencialmente útil. Ese simpático perfil prevalece entre gente que, con independencia de su origen, es capaz de aceptar con simpatía los diversos acentos. La fortuna ha acompañado desde siempre a la trayectoria del inglés. Ha superado toda adversidad. Nunca antes se había introducido una lengua con tanta intensidad y admiración por tantos rincones. Nadie obligó a aprenderlo, ni se impuso como en la enseñanza, ni se exigió exhibirlo en los establecimientos públicos, ni se sufragó para promocionarlo. Tampoco se prohibió hablar otras lenguas que le hicieran sombra. También la fortuna acompañó al español, pero en menor medida. *Rafael del Moral es sociolingüista experto en lenguas del mundo y autor de la 'Enciclopedia de las lenguas', 'Breve historia de las lenguas', 'Historia de las lenguas hispánicas' y' Las batallas de la eñe', así como de numerosos artículos en revistas especializadas.

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