1. Introducción: ¿tan malo es el calor?
Raro es el día en que los medios corporativos no nos intenten lavar el cerebro con la idea del calentamiento global antropogénico. Esta idea fraudulenta ya la hemos analizado largo y tendido [1], pero ahora vamos a adentrarnos en una de sus más perversas ramificaciones: la tesis de que la culpa del subdesarrollo de los países es el calor. Esta idea explicaría las migraciones desde países cálidos (especialmente africanos) a países templados o fríos (como Europa o Norteamérica) de desposeídos calificados por nuestra prensa como “refugiados climáticos”. Sin embargo, los datos históricos desmienten esta hipótesis, que no solo es un fraude, sino que además sirve de coartada para el saqueo de los recursos del cálido Sur Global. Es lo que podríamos llamar supremacismo (y, por ende, imperialismo) climático.
Imagen 1: Según la prensa, es al calor el que causa las migraciones desde el Sur Global
2. El Óptimo Climático del Neolítico
En el 8.000 a. de c. el clima global cambió a más cálido, comenzando el periodo del Óptimo Climático del Neolítico. Este calentamiento global era enteramente natural (no había industria que emitiera CO2) y era más pronunciado que el calentamiento actual (que ni siquiera se puede calificar de óptimo climático). Este cambio a más calor hizo que el desierto del Sáhara se convirtiera en una zona verde de jungla y sabana ya que la corriente fría de Canarias (que baja del Ártico e impacta contra la costa de Sáhara occidental y Mauritania impidiendo que se formen nubes) se debilitara. Ello hizo que desde el Atlántico soplaran unos vientos cargados de humedad (como los monzones asiáticos) que llevaron lluvia al norte de África y lo convirtieron en un vergel. Todo esto contrasta con la idea difundida por el discurso hegemónico actual de que el calentamiento global trae más sequía: en realidad, es lo contrario, porque a más calor más evaporación de las masas de aguas y más nubes cargadas de lluvia. A esta época, de la que rara vez habla nuestra prensa, se le llama Periodo Húmedo Africano. Quien quiera cerciorarse de que esto es cierto puede consultar un artículo de la revista Nature (una de las publicaciones, por cierto, que más ha promocionado el pánico climático) titulado Green Sahara: African Humid Periods Paced by Earth's Orbital Changes. En él se nos explica el porqué de todo esto: según los ciclos orbitales descritos por el astrónomo y climatólogo serbio Milutin Milankovic, se dio la circunstancia que nuestro planeta entró en un periodo en que recibió mucha radiación solar, especialmente por alteraciones en el ciclo de precesión, que además coincidió con que el perihelio (el punto en el que la Tierra en su órbita está más cerca del Sol) aconteció en el verano del hemisferio norte. De todo esto hay vestigios en el actual desierto del Sáhara: restos de embarcaciones que prueban que el Sáhara estaba surcado por ríos caudalosos, semillas de árboles típicos de la sabana, pinturas rupestres en las que vemos rinocerontes, jirafas y elefantes, e incluso seres humanos nadando (en la llamada Cueva de los nadadores en el interior de Egipto, cerca de la frontera con Libia.) Y todo ello en lo que hoy es un inmenso y estéril arenal [2].

Imagen 2: Escenas de gente nadando en mitad del desierto del Sáhara (Cueva de los nadadores)
Muy al contrario de lo que se nos segura desde el discurso del poder, el calentamiento global que representa un óptimo climático no es una desgracia para el ser humano, más bien lo contrario. Este periodo cálido anteriormente descrito trajo un cambio fundamental en la historia de la humanidad que revolucionó nuestro modo de vida: el Neolítico. Cuando la caza empezó a escasear y el rudimentario y precario modo de vida de los cazadores-recolectores entró en crisis el aumento de las temperaturas posibilitó que el ser humano pudiera producir sus propios alimentos no dependiendo de la volubilidad de la naturaleza.
3. El Creciente Fértil y el origen de la producción de alimentos
El Óptimo Climático del Neolítico no solo afectó al norte de África sino también a la zona que ocupa hoy Oriente Medio. Fue precisamente la zona del Levante del Mediterráneo donde aparecen los primeros vestigios de agricultura y ganadería, en un territorio con forma de media luna que va desde el sur de Palestina, Líbano, sur de Turquía, el norte de Siria, hasta la desembocadura del Tigris y el Éufrates en el actual Irak. Debido a la forma de media luna el egiptólogo británico Henry Breasted usó el termino Creciente (o Media Luna) Fértil, que quedó acuñado para la posteridad. Pero ¿por qué aparece allí la agricultura y la ganadería antes que en el norte de África, que también tenía un clima más cálido y húmedo que el actual? Según el profesor norteamericano Jared Diamond, en su obra Armas, gérmenes y acero, la zona del Creciente Fértil tiene una ventaja frente al Sáhara del Periodo Húmedo Africano: la variedad de alturas y topografías dentro de una distancia corta. Recordemos las zonas montañosas de Líbano y Turquía, con nieve buena parte del año y las alturas cercanas a los 6.000 metros cerca de Teherán en Irán. Eso motivó que los cazadores-recolectores pudieran trasladar semillas de una altura a otra buscando las mejores condiciones para la maduración de la planta y tener comida casi todo el año.

Imagen 3: El Creciente Fértil cuna del Neolítico
Por otra parte, el clima mediterráneo era idóneo para la producción de alimentos. Y ello es así por el periodo de sequía que se produce en este clima que hace que por la selección natural el cereal se transforme en una planta especialmente resistente y dé indefectiblemente una cosecha abundante al año. En el Creciente Fértil fue donde se consiguió por primera vez en el mundo la aclimatación de ocho cultivos, los llamados “cultivos fundadores”, a saber, tres cereales (trigo escanda, trigo esprilla y cebada), cuatro leguminosas (lenteja, garbanzo, guisante y haba) y una fibra (lino). Por otra parte, esta zona también tenía la suerte de contar con cuatro tipos de mamíferos domesticables (vaca, cerdo, cabra y oveja). Con todo ello, la población del Creciente Fértil contaba con hidratos de carbono, proteínas, grasas, vestido y animales de tiro antes que ninguna otra parte del mundo, incluso un poco antes que China, otra gran civilización precursora de la cultura neolítica.
Esto trajo como consecuencia la aparición de las sociedades humanas complejas como en las que vivimos en la actualidad. Así, desaparece la esclavitud de tener que perseguir la comida las veinticuatro horas del día en las sociedades de cazadores-recolectores y aparece el ocio, algo fundamental para desarrollar la escritura, el arte, las ciencias, la filosofía, etc. Y con ello también vienen los grandes avances tecnológicos y el aumento de la población por la mejora en las condiciones de vida. Y, algo de capital importancia, con ello viene el desarrollo urbano y el poder centralizado, o sea, el estado. Y esto es algo muy importante porque en el Creciente Fértil aparecen las primeras potencias imperiales, especialmente el imperio babilónico. Así, en el mundo empieza a haber zonas más desarrolladas que otras y por ende más poderosas que otras, con lo cual aquí tenemos el origen de las desigualdades entre las distintas zonas del planeta, como explica Diamond en la obra que ya hemos citado.
En resumen, el origen del mundo moderno aparece en una zona de clima mediterráneo por un aumento de las temperaturas globales y por ende de las lluvias. Por tanto, la idea fomentada por los medios de comunicación actuales de que el calor y las sequías estivales del clima mediterráneo es una fuente de desgracias para el ser humano no tiene base racional. Precisamente la domesticación de especies animales y vegetales (muy especialmente el trigo) en este tipo de clima posibilitó que una población en aumento pudiera estar alimentada debidamente y revolucionó el progreso humano.
4. El Cáucaso y el Neolítico europeo
Como acabamos de ver, el Creciente Fértil fue el primer foco de cultura neolítica, incluso un poco antes que China. De ahí se irradió a la zona norteafricana, donde ya sabemos que las condiciones climáticas eran muchos más cálidas y, por tanto, más benignas que hoy (y donde surgió el gran Imperio Egipcio), pero también hacia el norte, hacia el Cáucaso, la cadena montañosa que separa Europa de Asia, en el sur de la actual Federación Rusa. Allí se desarrolló una civilización de pastores de las estepas de origen iranio llamados yamnayas, que llegaron a domesticar otra especie animal, el caballo, que fue usado como animal de tiro, puesto que esta civilización conocía la rueda. Esto fue un hito crucial dentro de la historia de la humanidad porque con el caballo se revolucionó el trasporte por tierra y además daba una gran ventaja a quien lo usara para la guerra. Los yamnayas, cuyo nombre deriva del ruso я́ма (trasliterado: “yama”), que significa “foso”, que es donde enterraban a sus muertos, tienen su origen en las estepas rusas a orillas del río Volga (los vestigios más antiguos que se conservan están en el oblast ruso de Volgogrado). Era característico de ellos el nomadismo, favorecido por el diestro uso del caballo (eran algo así como los precursores de los cosacos) y por hacer túmulos donde enterraban a sus difuntos en el citado foso. A este túmulo se le suele designar con la palabra turca “kurgán”. La arqueóloga lituana Marija Gumbitas estudió esta antigua cultura y formuló la Hipótesis de los Kurganes [4], a saber, que estos pastores caucásicos dominaron buena parte de Europa por su uso del caballo y sus poderosas armas de metal. La hipótesis se ve respaldada por los estudios lingüísticos sobre la lengua protoindoeuropea (PIE) una antigua lengua de la que deriva la mayoría de las lenguas europeas y otras tantas asiáticas, lengua que presumiblemente era hablada por los yamnayas. Esto hace que haya palabras cognadas (emparentadas) dentro del vocabulario básico de lenguas tan aparentemente alejadas como el ruso, el inglés, el español, el hindi o el farsi, por solo citar algunas. Los ejemplos son innumerables y entre ellos podemos citar:
-El ruso “брат” (trasliterado: “brat”) está emparentado con el inglés “brother”, el latín “frater”, el galés “brawd”, el sánscrito “भ्राता” (“bratha”), el farsi (o persa) “بردر” (“baradar”), etc.
-Por su parte, el ruso мать (“mat’”) está emparentado con el español “madre”, el latín “mater”, el griego moderno “μητέρα” (“mítera”) y el clásico “μήτηρ” (“meter”), el persa “مادر” (“madar”), el sánscrito माता (“mata”) o el gaélico irlandés “mháthair”.
-El español “luna” o “noche” están emparentados con el ruso “луна” (“luná”) o “ночь” (“noch’”)
-El inglés “cold” o el alemán “kalt” son cognados del ruso “холод” (“jolod”)
-El inglés “day” o el alemán “tag” son cognados del latín “dies”, del ruso “день” (“dien’”), del sáncrito “दिनं” (“dinam” o “din” en hindi actual, heredero del sánscrito) o en urdu “ دن”(“din”.)
Imagen 4: Expansión de la cultura indoeuropea según la Hipótesis de los Kurganes
Los ejemplos son numerosos y no se explican por la mera casualidad o porque unos sean préstamos de otros ya que estamos hablando del léxico básico de una lengua que es esencialmente nativo. Todo esto demuestra que el Cáucaso y las estepas rusas irradiaron la cultura neolítica hacia el oeste (Europa occidental) y hacia el sur (hasta la India.)
Pero la influencia del Cáucaso en Europa no se queda en la lengua. Los pastores y agricultores de la estepa rusa con sus caballos y sus poderosas espadas de metal dominaron tecnológica y militarmente el resto de Europa ya que esta, dominada por sociedades de cazadores y recolectores, era más débil y atrasada. Tan solo hay que consultar la entrada de Wikipedia que versa sobre la “historia genética de la Península Ibérica” para constatar que la migración de pobladores de la estepa rusa y del Cáucaso [5] hace 4.000 años fue la más importante (sin menospreciar la migración anterior de pueblos neolíticos del Creciente Fértil, aunque fue menos masiva.) Dicha migración de pueblos esteparios, según el citado artículo de Wikipedia, “sustituye al cabo de pocas generaciones el ADN autóctono en la herencia genética de los pobladores de Iberia. La huella genética de los pueblos de la estepa supone que el 20% del genoma de los españoles actuales tiene ese origen. Sin embargo, no hay pruebas de que el encuentro con la población ibérica autóctona fuera violento.” Respecto al carácter violento (pues parece ser que los reemplazados fueron los hombres dado el predominio estepario en nuestro cromosoma Y) o no de la sustitución, hay controversia entre los expertos, si bien parece claro que ambas poblaciones al final se fusionaron [6]. Sea como fuere, la influencia esteparia caló en todo el territorio e Incluso partes de la península de las que se ha dicho que tienen una genética única y más antigua que el resto de la península, como por ejemplo el País Vasco, tienen la misma herencia esteparia. Así el biólogo y bioquímico vasco de la Universidad de Navarra, Iñigo Olalde, estudioso de la historia genética de la península, ha llegado a afirmar que “el 80% de los varones vascos trazan su linaje de los hombres llegados de la estepa rusa hace 4500 años”, y lo mismo ocurre con el resto de la península (malas noticias, por tanto, para los nacionalistas vascos) [7]. Es más, lo mismo ocurre en el resto de Europa. De hecho, según ha afirmado Olalde, hay más diferencias genéticas en el África subsahariana que en Europa [8].
Por tanto, buena parte de los ancestros de los europeos hay que buscarlos en el Cáucaso y las estepas de lo que hoy es Rusia con lo que el actual clima de rusofobia que embarga a la “civilizada” Unión Europa no solo es racista sino bastante absurdo. Es como odiar a la madre propia o, más bien, al padre (ya que nuestra herencia esteparia es fundamentalmente masculina.) Al fin al cabo, por algo a los europeos se nos engloba en la categoría de raza “caucásica”, aunque habría que puntualizar que hoy día el concepto de raza está bastante desfasado.
5. Al calor del ascenso del Norte Imperial
Tras extenderse la cultura neolítica por Europa, esta empezó a tomar auge y a desarrollar grandes civilizaciones e imperios que recibieron el testigo de las grandes civilizaciones del Creciente Fértil y Oriente Medio. Así Mesopotamia, Egipto y Fenicia dieron paso a Grecia y Roma. Estas grandes civilizaciones se nutrieron de los avances que venían de Oriente Medio. De este modo, Grecia no habría sido la misma si no hubiera sido por los avances de todo tipo (técnicos, culturales, artísticos, etc.) de las civilizaciones mesopotámica, egipcia o fenicia, avances que absorbió Roma cuando el mundo helénico declinó. Y aquí, de nuevo, juega un papel importante el clima: el florecimiento de Roma y su imperio coincidió nuevamente con un periodo cálido, el llamado Periodo Cálido Romano, que se extendió desde el 250 a. C. hasta el 400 d. C. [9]. En ese periodo, las precipitaciones fueron más abundantes y junto con el fuerte calor estival produjeron abundantes cosechas de cereal (sobre todo, el trigo que, recordemos, se domesticó en el Creciente Fértil) para alimentar grandes poblaciones urbanas. Por otra parte, los glaciares se redujeron o incluso desaparecieron por completo y eso hizo que las legiones romanas pudieran pasar sin demasiada dificultad los Alpes. Ello lo atestigua que se hayan encontrado vestigios romanos en Suiza bajo la nieve (p. ej. campamentos militares), para desgracia de fact-checkers y partidarios del apocalipsis climático [10]. De hecho, una parte de la actual Alemania fue conquistada e incorporada al Imperio Romano gracias a esta falta de nieve en los Alpes. Por último, el periodo llegó a su fin porque el clima cambió a más frío y con ello llegaron las sequías que malograron las cosechas. Al parecer, una serie de erupciones volcánicas, al menos en parte, fueron responsables del enfriamiento, ya que la ceniza volcánica bloqueó la luz solar. Con la pérdida de cosechas llegaron las epidemias y la población empezó a dejar las ciudades, huyendo al campo. Por su parte, los pueblos bárbaros espoleados por el hambre asaltaron las fronteras del Imperio, pero ello no fue, como nos explicaban en la escuela, la causa de la caída del Imperio Romano sino consecuencia de un cambio climático a más frío y menos humedad [11].

Imagen 5: El Imperio Romano en su máxima extensión
El enfriamiento en el clima y la sequía dio paso en Europa a un periodo de estancamiento en la evolución histórica. Había empezado la Edad Media. Pero, mientras, en Oriente Medio se vivió otra época de grandes avances: la Edad de Oro del islam [12]. A partir del siglo VIII y hasta el siglo XIII el mundo islámico experimentó un auge cultural en muchos aspectos (ciencia, filosofía, poesía, ingeniería, arte, arquitectura, comercio, etc.), gracias a su capacidad de absorción de aspectos relevantes de culturas con las que estuvo en contacto (como la griega, la china, la india, etc.), y se expandió por el norte de África, llegando incluso a la empobrecida Europa medieval, con la fundación de Al-Ándalus en la Península Ibérica. De hecho, en las sociedades islámicas el grado de alfabetización superaba con creces al de la Europa contemporánea, según comenta Jared Diamond en la obra más arriba citada. Por otra parte, en la cristiana Europa las élites estaban deseosas de adquirir mercancías de la Ruta de la Seda china con la que el mundo islámico tenía contacto ya que los árabes llegaron hasta la zona de Transoxiana en el actual Uzbekistán, donde Samarcanda era un punto clave en la ruta comercial china. Gracias a los árabes, se introdujeron en Europa mercancías de lujo como seda, oro, marfil, etc. y cultivos tan importantes como el arroz (cereal domesticado en el Neolítico chino), la naranja, la caña de azúcar, el algodón, el limón, y se fomentaron otros como la alcachofa, la berenjena, la espinaca, la acelga, el melón, la sandía, etc. y todo ello gracias a un sofisticado sistema de regadío que permitió la aclimatación de especies tropicales y asiáticas en la Europa mediterránea. También se introdujeron gracias a los árabes multitud de avances tecnológicos procedentes de oriente. Por ejemplo, la expansión islámica trajo a Europa el papel procedente de China. También de China se trajo la pólvora que se usó por primera vez en la Península Ibérica en la batalla de Niebla (Huelva) contra los invasores cristianos de Al-Ándalus [13]. Nos encontramos por tanto ante una expansión movida por los intercambios comerciales, la innovación tecnológica y la cultura no por la “yihad” (como afirman los libros escolares de la “tolerante” Europa) ya que, entre otras razones, el Corán prohíbe la conversión forzosa al islam (en la Sura Al-Baqarah (2:256) se dice: “No haya coacción en la religión, pues la verdad se distingue claramente de la falsedad”.)

Imagen 6: Esto no lo veréis en los libros de texto de historia: La expansión musulmana en el año 715, con la Península Ibérica totalmente bajo control islámico (el idílico norte de España, incluido)
Hacia el siglo X empieza a cambiar el clima a más calor y más lluvia, con lo que empieza el Periodo Cálido Medieval, que llega hasta el siglo XIV. En estos siglos Europa vuelve a tomar auge no solo gracias a lo benigno del clima sino también a los cultivos y avances traídos desde oriente por la expansión islámica. No es casualidad que la parte de Europa con más contacto con la cultura islámica (Portugal y España) fueran las primeras potencias imperiales europeas. De hecho, gracias a los avances en navegación traídos por los árabes a la Península Ibérica, Portugal y España se lanzaron a explorar a través del mar otros continentes y a formar importantes imperios coloniales. Dichos avances introducidos por los árabes venían del sur de la Península Arábiga donde los habitantes de los actuales Yemen y Omán crearon una importante ruta marítima en el Índico que conectaba el Mar Rojo con India y China. Un dato curioso es que el gran caudillo militar andalusí Almanzor, nacido cerca de Algeciras (Cádiz), era de padres yemeníes.
Por otra parte, el norte de Europa empieza a desarrollarse gracias a la retirada de los hielos y a la mejora de las cosechas. En el documental de la BBC The Great Global Warming Swindle se nos dice que en la capital del Reino Unido hay numerosas calles en cuyo nombre se incluye la palabra “vine” (vid) o “vineyard” (viña, viñedo) o “grape” (uva) (“Vine Street, Vine Road, Vine Yard, Vine Lane, Grape Street, etc.”) y eso es porque los topónimos datan de la Edad Media, cuando el clima era tan cálido que en Inglaterra se cultivaba este producto, que hoy día es más bien típico de la zona mediterránea [14]. Según Chaucer, el más relevante literato británico de la época, el cultivo de la vid llegaba hasta el norte de Inglaterra. Chaucer, por cierto, era un hijo de un rico productor de vino de Londres. Incluso más al norte, en Escandinavia, el clima era más benigno que hoy e hizo que los vikingos se lanzaran a surcar los mares una vez estos se vieron libres del hielo. Es harto conocida la Saga de Erick el Rojo, que narra el periplo de un navegante noruego que exploró Groenlandia (que, literalmente, significa Tierra Verde.) Allí se llegaron a establecer 500 granjas vikingas. Erik, finalmente, llegó a las costas americanas (siglos antes que Colón), a un sitio que llamó Vinland (“tierra de la vid o del vino”) en la helada Terranova actual. Según el geógrafo alemán del siglo XI Adam de Bremen, Vinland se llama así porque “las vides crecen allí por sí mismas [15].” Probablemente, no eran uvas lo que vieron los exploradores vikingos (el cultivo de la uva procede del Cáucaso y Asia occidental) sino bayas de nogal americano, pero, de todas formas, el hallazgo evidencia que el clima era más cálido que el de la actualidad. Por último, hay que citar a otro explorador de Terra Nova (a quien debe su nombre actual), Joao Vaz Corte-Real, navegante de Faro (Portugal) que llegó al continente americano en 1472 (de nuevo, antes que Colón) buscando una ruta marítima para pescar el bacalao [16]. Todo esto evidencia que el clima más cálido de la Edad Media favoreció el expansionismo europeo, con la llegada de Colón al continente americano en 1492 como punto de partida del imperialismo y colonialismo occidental.

Imagen 7: Vestigios de tiempos más cálidos en Londres
Finalmente, el auge europeo es tal que hace retroceder en todos los aspectos a la sociedad islámica. Esta es un ejemplo de esplendor y ocaso en un tiempo récord, pues a partir del siglo XIII Oriente Medio entra en un largo periodo de decadencia que llega hasta nuestros días. A pesar de lo dicho por los libros de historia occidentales, el islam no tiene que ver con esa decadencia, pues el islam estaba presente en la época de ascenso, sino más bien la fragmentación del poder musulmán a causa de las presiones del incipiente imperialismo occidental. En efecto, el Papado, heredero del poder imperial romano en decadencia, al observar los avances del islam en Europa (especialmente, en la Península Ibérica) usa Francia como estado-parapeto para frenar su avance y lanza a la campaña de limpieza étnica y religiosa (en la que también se incluye a los judíos) en la Península Ibérica que se ha venido llamando (inadecuadamente) Reconquista [17]. Paralelamente, la Iglesia Católica organiza una campaña de aniquilación del islam en Oriente Medio, que es en lo que consistían en realidad las Cruzadas y no en la liberación de los sitios sagrados para los cristianos. Para ello, el occidente cristiano con Francia la cabeza, pero también Inglaterra (que desde el siglo XI estaba gobernada por los normandos, de origen francés), no duda en sembrar la discordia en el seno del mundo musulmán apoyando sectas violentas y fanáticas como los nizaríes (lo que sería un antecedente del yihadismo actual practicado por Estado Islámico o Al Qaeda) e incluso se alía con el Imperio Mongol para llevar acabo un exterminio masivo de musulmanes en Oriente Medio, extermino que finalmente no se consumó [18]. Incluso se intentó organizar una cruzada infantil para convertir a los niños musulmanes, pero fracasó porque la mayoría de sus jóvenes participantes sucumbieron debido al hambre, las enfermedades, los abusos y la esclavitud antes de salir del puerto de Marsella [19].
Con la mejora del clima y por ende de las cosechas y la introducción de avances técnicos de oriente en Europa a través de la civilización islámica, Europa salió reforzada. De hecho, la influencia del pensamiento oriental traído a Europa por los musulmanes fue decisiva en la aparición del Renacimiento, punto de partida del dominio occidental del mundo. Cuando se habla de las universidades europeas en la Edad Media muchas veces no se menciona que la primera universidad que se fundó en nuestro planeta fue la de Al-Qarawiyyin en Fez (Marruecos) en el año 895, dos siglos antes que la de Bolonia (Italia), considerada como la primera universidad de Europa. Y, por cierto, dicha universidad marroquí fue fundada por una mujer, muchas de sus alumnas eran mujeres y estaba inspirada por el islam, lo cual choca mucho con la visión que se tiene del islam en occidente. Por su parte, la civilización china ya tenía algo parecido a una universidad en Nankín en fecha tan temprana como el año 259 d. C., aunque esta institución, una especie de instituto confuciano, está excluido de la categoría de universidad por la UNESCO ya que no otorgaba títulos de graduación, sino que preparaba a sus alumnos para aprobar los exámenes estatales. Por otra parte, muchos de los adelantos técnicos que hoy usamos en occidente vienen de oriente. Así, de China nos vino, además del papel y la pólvora, la imprenta, la brújula, el sismógrafo, el papel moneda, la seda, la porcelana, el paraguas, el papel higiénico, avances en ingeniería civil, navegación y metalurgia (los chinos ya producían acero en el siglo I a. C., ¡20 siglos antes de la Revolución Industrial inglesa!) Por su parte, de la India llegaron avances en matemáticas (el sistema decimal, el número 0, la trigonometría), medicina (operaciones de cataratas), el algodón, el ajedrez, etc. Todo esto pasó a Europa y posibilitó en el siglo XVI el Renacimiento y, ulteriormente, en el siglo XVIII, la Ilustración, y que todos estos avances se tradujeran en un aumento poblacional por la mejora de las condiciones de vida materiales.
Al Óptimo Climático Medieval le sucede una época de enfriamiento, que va del siglo XV al siglo XIX, a la que se le suele conocer por la Pequeña Edad de Hielo, alcanzando su culmen en los años del llamado Mínimo de Maunder (1645 a 1715) [20]. Edward Maunder, quien da nombre al periodo, fue un astrónomo londinense del siglo XIX especializado en el estudio de la actividad solar y su relación con el clima. Este astrónomo descubrió que en esos años entre el siglo XVII y XVIII el sol se quedó sin apenas manchas solares, indicando que la radiación solar se redujo considerablemente. Por otra parte, en esa época la actividad volcánica se incrementó, lo cual contribuyó más al enfriamiento [21]. Al frío se le unió la sequía en muchos casos y todo ello dañó las cosechas, especialmente en el norte de Europa, donde se estaba dando un proceso de aumento de la población por la mejora en la esperanza de vida debido a los avances técnicos y científicos. Esto causó hambrunas como la de Irlanda de 1740-1741 o la de Bohemia de 1770-1771, ambas agravadas por el predominio del monocultivo (si la cosecha del producto en cuestión, casi siempre cereal, fallaba no había nada que comer.) Como resultado, los países del norte de Europa, que ya estaban a la cabeza del desarrollo material en el continente [22], se dedicaron a colonizar países más cálidos en otros continentes por dos razones fundamentales: en primer lugar, para acceder a recursos que escaseaban en Europa por el empeoramiento del clima y, en segundo lugar, enviar población de la metrópoli a la colonia para aliviar la presión demográfica. Este último aspecto es muy importante. Daniel Defoe en su obra Moll Flanders de 1722 nos dibuja una sociedad británica llena de gente sin oficio ni beneficio, deambulando por las calles de grandes ciudades como Londres, sin más ocupación que la mendicidad o la delincuencia. Las cárceles no daban abasto y la protagonista de la novela (a la que el autor excusa de ser delincuente ya que es pobre) junto con otros muchos presos acaba siendo trasladada a campos de trabajo de Virginia (EEUU), donde son empleados como mano de obra barata para cultivar tabaco. Nuevamente vemos cómo el frío amenaza el desarrollo de las sociedades, sin embargo, aquí Europa tenía el as en la manga del colonialismo.

Imagen 8: Mínimo de Maunder en el contexto de los ciclos solares
Es en este momento cuando las potencias coloniales de Europa occidental se lanzan a saquear países de clima más cálido. Un caso paradigmático es el de Gran Bretaña. Este país forjó durante los siglos XVIII y XIX un vasto imperio colonial que incluía a la India. Este país, uno de los focos de innovación, como hemos visto, en la antigüedad, era una potencia en la fabricación de textiles y en el siglo XVIII era el mayor productor de fibras de algodón de alta calidad (calicó, muselina, chintz). Pues bien, los británicos no solo copiaron técnicas, diseños y materiales, y los aplicaron a su Revolución Industrial, sino que una vez hecho esto, prohibieron la importación de telas indias a Gran Bretaña y llevaron a cabo una política de desindustrialización de la India. En definitiva, la industria británica copió el producto indio y, tras proteger su mercado, terminó anulando a la India como potencia textil mediante la competencia desleal y el control colonial [23]. En muchos casos se llegó a la destrucción física de los telares indios. Por esta razón, Ghandi, tras la Independencia de la India, mandó poner el símbolo de la rueca (“charkha”) en el centro de la insignia nacional. También Gran Bretaña intentó hacer otro tanto con China, y ante la negativa a abrir su mercado a las manufacturas británicas, la corona inglesa desató las Guerras del Opio, usando el contrabando de esta droga para corromper y debilitar al poder imperial chino. Al contrabando de opio, por cierto, también se sumaron los misioneros cristianos [24] deseosos de someter, primero, y convertir, después, a una sociedad regida por religiones no teístas y materialistas (como el confucianismo y el budismo), hecho que chocaba con la visión del mundo que tenía el cristianismo [25].

Imagen 9: Libro de Ayub Sabri Pasha denunciando el engendro del wahabismo
Otro tanto pasó con el Imperio Otomano. Los turcos eran los competidores geopolíticos del poder británico en el Mediterráneo y en Oriente Medio desde los tiempos de las cruzadas. Ya en la Edad Media Gran Bretaña manipuló el islam creando sectas violentas y fundamentalistas, como los nazaríes (también llamados “asesinos”) con las que aliarse y romper el poder islámico desde dentro. En el siglo XVIII, le tocó el turno al wahabismo. Este movimiento se basa en la vida y obra del predicador Muhammad ibn Abd al-Wahhab, nacido en la actual Arabia Saudí, que era considerado un hereje por el islam homologado de la época, que estaba en consonancia con el Imperio Otomano. Wahhab rompió con la tolerancia de la Edad de Oro del islam y predicó la guerra a los infieles e incluso contra los musulmanes que no pensaban como él (especialmente contra los chiitas). De aquí viene el integrismo y la idea de yihad como guerra santa sangrienta, tan difundida por los medios de comunicación occidentales como única imagen de la religión de Mahoma. Wahhab y sus acólitos pronto se dedicaron a perseguir a los chiitas y a destruir importante patrimonio islámico como tumbas y casas de importantes profetas musulmanes, entre ellos el mismo Mahoma, aduciendo que actuaban en contra de la idolatría. Wahab se alió con la casa Saud, los que siguen rigiendo hoy día Arabia Saudí (de ahí la denominación del país), y estos se aliaron con el Imperio Británico contra el Imperio Otomano. Esta alianza fue denunciada en el libro El wahabismo no es islam por el militar e historiador otomano Ayub Sabri Pasha a quien también se le considera autor del, al parecer, apócrifo Confessions of a British Spy: British Enmity Against Islam, escrito por un supuesto espía inglés llamado Mr. Hempher, quien habría pagado dinero a Wahhab por manipular el islam para usarlo contra los otomanos. Por otra parte, los británicos también usaron la economía para hundir económicamente el mercado otomano, que no pudo competir contra las manufacturas inglesas una vez Gran Bretaña inició su Revolución Industrial.
6. El “cambio climático” como coartada para el saqueo del Sur Global
Si pensamos en alguno de los productos agropecuarios que consumimos y consultamos una enciclopedia para ver de dónde son originarios, nos daremos cuenta de que casi ninguno es de Europa occidental. La mayoría tienen su origen histórico en Oriente Medio (el trigo, la cebada, la avena, el centeno, el cerdo, la vaca, la oveja, la cabra, el olivo, la lenteja, el garbanzo, la almendra, el pistacho, la uva, el haba, el espárrago, etc.). Otros tantos vienen del Cáucaso y Asia Central (la manzana, la zanahoria, el membrillo, la granada, la pera, la cereza, la ciruela, etc.). Otros de China y sur de Asia (el arroz, el pollo, el cerdo [26], la soja, el melocotón, el caqui, el plátano, la naranja, el limón, el té, el mango, el coco, etc.). Por su parte, de África viene el café, la sandía, el melón, el sorgo, el mijo, el tamarindo, etc. De América viene el pavo, la calabaza, la piña, la fresa, el maíz, el cacahuete, la patata, el tomate, el aguacate, etc. Y es que la propaganda pro occidental e imperialista contra los países de clima cálido no puede ser más falaz. Casi todos los avances del occidente colectivo tienen su origen en países con ese clima cálido que tanto se sataniza en los medios. De hecho, con el apoyo del ecologismo moderno, el discurso dominante idealiza el bosque nórdico, el del norte de Europa, el mismo que apenas ha producido alguna vez alimento para sostener una civilización mínimamente desarrollada. El ya citado estudioso norteamericano Jared Diamond en su libro Armas, gérmenes y acero advierte que “si se vive cerca de un bosque y se mira por la ventana, las especies vegetales que se ven suelen ser árboles y arbustos, la mayor parte de cuyos cuerpos no se pueden comer.” Y añade: “algunos árboles del bosque de zonas de clima húmedo producen grandes semillas comestibles, pero estas semillas no están adaptadas para sobrevivir a una larga estación seca y, por tanto, para un largo almacenamiento por parte del ser humano.”
Entonces, se preguntarán muchos, ¿por qué esos países de clima cálido son pobres (en renta per cápita, que no en recursos)? Pues está claro que tiene ver con el saqueo colonial al que se les ha sometido por parte del Norte Imperial. El Neolítico apareció en Eurasia porque es la única masa continental que tiene una disposición a lo largo del eje este-oeste y que por tanto cuenta con una amplia franja de clima mediterráneo. En cambio, en África y en América la disposición es a lo largo del eje norte-sur, con lo cual la franja de este tipo de clima es más pequeña. Además, América tenía el hándicap de haber sido colonizada por el homo sapiens muchos siglos después que África y Eurasia, con lo cual estaba en desventaja en lo que a domesticación de especies se refiere. Por otra parte, en Oceanía el aislamiento, al estar rodeada de mar, jugó en su contra. Por tanto, fue en Eurasia donde apareció primero el Neolítico; de ello se benefició Europa occidental, que acabó invadiendo y saqueando las zonas del planeta que se quedaron atrás en la carrera por el desarrollo material. Incluso también saqueó aquella zona de la que recibió Europa la mayor parte de los avances que le han hecho ser lo que es hoy día. Un ejemplo sangrante de esto es la Franja de Gaza, un campo de exterminio en plena región del antiguo Creciente Fértil, campo de exterminio que es administrado por el estado genocida de Israel (que recuerda a los estados cruzados del medievo) como proxy del occidente colectivo.
Por consiguiente, no es el clima el que mina el desarrollo del Sur Global sino el expolio al que le ha sometido el Norte Imperial. Si fuera así, Australia, que es un país atravesado por el Trópico de Capricornio y con dos tercios del país ocupado por un desierto en el que se pueden alcanzar temperaturas de hasta 50ºC, sería uno de los países más pobres del mundo. En cambio, es uno de los países con los mayores estándares de vida del mundo y donde más emigra la gente empobrecida. La razón de esto fue que la población aborigen fue sustituida por la población colonizadora de origen británico, quien se adueñó de los recursos autóctonos que pasaron a ser explotados por la tecnología avanzada traída de Europa. El problema no es el calentamiento global ya que esto, como ya hemos visto, ha favorecido siempre el desarrollo humano, sino el sistema de sometimiento y robo ejercido por el Norte Imperial. Pero esto no es algo que los partidarios de este “supremacismo climático” estén dispuestos a admitir.

Imagen 10: Migraciones humanas desde la aparición del homo sapiens en África
7. Referencias:
[1] https://vorticeinmediaista.blogspot.com/2019/08/la-coartada-climatica-como-la-idea-del.html
[2] https://www.nature.com/scitable/knowledge/library/green-sahara-african-humid-periods-paced-by-82884405/
[3] Es notable la hipocresía de los ecologistas apocalípticos, especialmente en su versión primitivista (estilo John Zerzan), que reniegan de la sociedad moderna y romantizan la vida de los cazadores-recolectores, pero luego viven rodeados de lujos modernos y no tienen intención de unirse a las comunidades de cazadores recolectores que aún sobreviven en ciertas zonas del planeta (la Amazonia, Nueva Guinea).
[4] https://es.wikipedia.org/wiki/Hip%C3%B3tesis_de_los_kurganes
[5] https://es.wikipedia.org/wiki/Historia_gen%C3%A9tica_de_la_pen%C3%ADnsula_ib%C3%A9rica
[6] https://elpais.com/elpais/2018/10/01/ciencia/1538416630_736638.html
[7] Aquí surge una pregunta clave: si los vascos tienen el mismo origen genético que el resto de la península, entonces ¿cómo es que hablan una lengua no indoeuropea? El estudioso Francisco Villar Liébana nos desvela el misterio. Según él, el euskera no es originario ni del País Vasco ni de Navarra, sino que, al parecer, procedía del interior de Francia y llegó a la península después de los romanos. Según Villar Liébana, “ni la hidronimia, ni la onomástica personal, ni la historia medieval avalan que el euskera fuera la lengua original del País Vasco y Navarra.” Esta hipótesis, que se suele llamar “vasconización tardía” y que no es muy del agrado del nacionalismo vasco, parece verse reforzada por datos lingüísticos como el del tipo de numeración usada por el euskera, de base vigesimal, parecido al vigesimal residual del francés y al vigesimal céltico del bretón, lo cual evidencia que estas lenguas tuvieron que estar en algún momento en contacto estrecho.
Fuente: https://www.navarraconfidencial.com/noticias/y-si-el-euskera-fuera-una-lengua-que-llego-a-navarra-desde-francia-despues-de-los-romanos/
[8] https://www.noticiasdegipuzkoa.eus/sociedad/2019/04/28/80-varones-vascos-trazan-linaje-3850496.amp.html
[9] https://es.wikipedia.org/wiki/Per%C3%ADodo_c%C3%A1lido_romano
[10] http://www.thehistoryblog.com/archives/70981
[11]https://www.abc.es/ciencia/abci-cambio-climatico-acabo-imperio-romano-201710061400_noticia.html
[12] https://es.wikipedia.org/wiki/Edad_de_Oro_del_islam
[13] https://www.huelvainformacion.es/huelva/Sabias-Huelva-primera-provincia-utilizar-polvora-Europa_0_1901810161.html
[14] https://www.youtube.com/watch?v=oYhCQv5tNsQ
[15] https://es.wikipedia.org/wiki/Vinland
[16] https://es.wikipedia.org/wiki/Jo%C3%A3o_Vaz_Corte_Real
[17] Decimos “inadecuadamente” porque la "reconquista" de ciudades como Granada, por ejemplo, no fue tal ya que Granada fue una ciudad fundada por los árabes. Lo mismo pasó con Madrid.
[18] https://elbloginsurrecto.blogspot.com/2025/05/cruzados-y-asesinos-la-alianza-entre-el.html
[19] https://es.wikipedia.org/wiki/Cruzada_de_los_ni%C3%B1os
[20] https://es.wikipedia.org/wiki/M%C3%ADnimo_de_Maunder
[21] Sin ir muy lejos, el volcán Timanfaya, en Lanzarote estuvo en erupción durante 6 años, entre 1730 y 1736, coincidiendo con el mínimo de Maunder, lo que dio pie a una emigración masiva de la población local.
[22] Que los países del norte de Europa occidental, la mayoría protestante, entraran en un periodo de fuerte desarrollo frente al sur católico no tiene nada de casual y hay que ponerlo en relación con la mentalidad del protestantismo que, para empezar, alfabetizó masivamente a la población (pues un buen protestante tenía que leer por sí mismo la Biblia y no esperar que se la interpretara el Papa o la curia) y, por otra parte, compatibilizó el lucro burgués con el cristianismo (especialmente el calvinismo). Recordemos que la Iglesia Católica condenaba la usura, por supuesto, la de los demás, nunca la propia.
[23] https://es.wikipedia.org/wiki/Desindustrializaci%C3%B3n_de_la_India
[24] La morfina, llamada Opio de Jesús en China, fue introducida en este país por médicos militares y también por misioneros cristianos.
[25] Léase el siguiente artículo de Pepe Escobar:
https://vorticeinmediaista.blogspot.com/2020/07/las-raices-profundas-de-la-demonizacion.html
[26] La repetición del pollo y del cerdo no es una errata: Oriente Medio y China domesticaron cada una por su lado estas dos populares fuentes de proteínas animales.