martes, 15 de julio de 2025

SOBRE LOS SUCESOS DE TORRE PACHECO: LO OBVIO Y LO MENOS OBVIO

Dado que no ha habido violaciones masivas en las fiestas de San Fermín ni agresiones homófobas durante el Día (o, más bien, la semana) del Orgullo Gay, el foco mediático se ha puesto en lo acontecido en Torre Pacheco (Murcia) tras la paliza a un vecino de la localidad, presuntamente a manos de jóvenes magrebíes. Debe ser que ya los niños descuartizados por el ejército israelí en Gaza y las provocaciones de la OTAN en Ucrania, que bien podían acabar en una guerra mundial, aburren al telespectador. Sobre los sucesos de la localidad murciana, primero comentaremos lo obvio, ya que no por obvio es menos verdadero, y, luego, lo menos obvio, porque precisamente esto no se oirá en los medios corporativos.

Empezando por el principio, por lo obvio, los sucesos de Torre Pacheco no son nuevos ya que se han visto en el pasado (ej. en El Ejido en 2000) en el sur peninsular, que es donde se concentra la mano de obra jornalera extranjera procedente de países más pobres que el nuestro. Aquí hay que decir que si los inmigrantes están allí trabajando en condiciones muy duras no es por placer sino por necesidad, ya que en sus países de origen hay paro o condiciones laborales aún peores que en el nuestro. Esto, lo crea o no la gente ultraconservadora, no es una invasión; los invasores suelen ir armados hasta los dientes y van a bordo de caza bombarderos, tanques y buques de guerra (ej. las fuerzas “pacificadoras” de la OTAN), y no van con lo puesto a trabajar por un mísero jornal a un país extraño. Claro que tampoco es verdad que los inmigrantes de países pobres hacen los trabajos que no quieren hacer los españoles, como dicen los medios que se autocalifican de progresistas, a sueldo del PSOE y sus adláteres. Esos duros trabajos agrícolas los hacían jornaleros españoles, pero, cuando estos se organizaron en sindicatos y consiguieron mejores condiciones laborales, el empresariado agrícola favorecido por la globalización y los tratados de libre comercio echó mano de trabajadores de países más pobres, no sindicados y dispuestos a trabajar por menos jornal. En la sociedad capitalista, es el empleador quien da o quita el trabajo, no el inmigrante pobre. Pero de esto no tiene la culpa solo el empresario (al fin y al cabo, este hace lo que le corresponde por clase social) si no también la izquierda, que se olvidó muy pronto del internacionalismo e incluso llegó a apoyar la injerencia humanitaria del occidente colectivo en países como Yugoslavia, Libia, Siria, etc., lo que se tradujo en oleadas de refugiados desposeídos que acabaron por aceptar cualquier trabajo en el civilizado Primer Mundo.  Peor aún, ese aluvión de inmigrantes pasó a vivir en guetos como ciudadanos de segunda con los consiguientes efectos colaterales de delincuencia, narcotráfico, etc. Entretanto, las clases poseedoras se mostraban encantadas con esta situación ya que a estas les viene muy bien mover los hilos del enfrentamiento entre inmigrantes y autóctonos y así mantenerse el poder. A esto se le suele llamar estrategia de la tensión. Para las élites gobernantes, el problema de la inmigración no es un problema sino una solución que ellos se han sacado de la chistera para multiplicar sus beneficios y endurecer el control social.

Y entrando de lleno en lo menos obvio, sucesos como los de Torre Pacheco evidencian que hay dos facciones en las clases rectoras de nuestro país. Hay un capital nacional centrado en los negocios autóctonos y otro abierto a la globalización que se lucra de la mano de obra pobre extranjera. Estos últimos son los que están detrás de los medios progres como La Sexta o Público y se cuelgan la medalla del antirracismo sin merecerla. La Sexta es un ejemplo paradigmático de esto. Este medio dirige muy selectivamente el blanco de sus críticas a la España meridional y muy especialmente a Murcia, comunidad que siempre está en boca del payaso sin gracia del citado canal, José Miguel Monzón, alias Gran Wyoming, quien siempre la relaciona en sus chistes (por llamarlos de alguna manera) con el atraso y el reaccionarismo. Ante todo, hay que propagar el bulo de que el sur de España es racista. Ya lo hizo este medio difundiendo que las jornaleras marroquíes que trabajaban en las fresas de Huelva sufrían constantes acosos sexuales. Incluso la izquierda woke, fan de La Sexta, llegó a decir en sus medios de propaganda que los campos de fresas de Huelva eran como los campos de algodón de Alabama en la época de la esclavitud. Al final, los miles de abusos se quedaron en cuatro denuncias que fueron archivadas [1]. Detrás de la Sexta está el capital catalán (el principal propietario del canal es Atresmedia, cuyo máximo accionista es el grupo Planeta de Barcelona) y, claro, las fresas de Huelva les hacían la competencia a las fresas de la comarca catalana del Maresme. Y ahora le toca el turno a Murcia, y ello a pesar de que un caso muy similar al de Torre Pacheco ocurrió recientemente en el norte de España, en Hernani (Guipúzcoa), donde otro joven agresor magrebí estuvo a punto de ser linchado por una turba que gritaba “¡Gora ETA! [2]. Pero como no es el sur, no hay ningún interés de difundirlo por parte de estos medios progres. Por cierto, hablar mal  de la parte más empobrecida (que no la más pobre) de un país usando bulos a sabiendas ¿no es algo análogo al racismo? Muy de izquierdas no parece. No obstante, no acaban ahí los prejuicios de La Sexta, y es que además los llamamientos a la “cacería del moro” en Torre Pacheco (la mayoría hechos por individuos de fuera de la localidad) al parecer, según la cadena de TV, venían de “cuentas prorrusas”. Ya era extraño que La Sexta desaprovechara una oportunidad como esta para tildar a Putin y a Rusia de fascista [3]. Debe ser que en Rusia no hay musulmanes ¿no? Pues sí los hay: 30 millones, nada menos. Y además hay judíos, budistas, animistas, católicos, protestantes y, por supuesto, ortodoxos. En cambio, en España hubo ocho siglos de limpieza étnica contra el islam y, ya de paso, también contra el judaísmo. Y, ya puestos a hacer bien el trabajo, la Iglesia Católica siguió haciendo lo propio contra los protestantes, librepensadores, republicanos, socialistas, anarquistas, comunistas, etc. No parece que España, ni el occidente colectivo en general, le pueda dar muchas lecciones de tolerancia a la Federación Rusa. En cambio, en Torre Pacheco las miríadas de fascistas venidos de los cuatro puntos cardinales de la piel de toro lo pagaron con la mezquita y con un kebab. Está claro que en España hay un racismo estructural contra el islam, fruto de esos ocho siglos de marras, que hace que se persiga a todos los musulmanes cuando uno de ellos comete un delito, pero no se hace con otros colectivos como las maras centroamericanas o con las mafias ucranianas o albanesas, a pesar de que en estos casos estamos hablando de organizaciones puramente delictivas. Aquí tampoco es únicamente culpable la fachoesfera, también lo es la izquierda woke, compuesta por gente de clase media que fueron a colegios de pago católicos y que aparcó aquello del laicismo al lado del internacionalismo proletario.

En definitiva, los sucesos de Torre Pacheco ponen de manifiesto el grado de descomposición en la que está inmersa la sociedad postindustrial en la que vivimos. La reaparición del racismo estructural, la hipocresía de los medios progres y el oportunismo de la élite globalista son sus síntomas. Y mientras la izquierda que de verdad podría hacer frente a todo esto, la que analiza la sociedad desde una perspectiva de clase, ni está ni se la espera.

NOTAS:

[1] https://www.publico.es/sociedad/archivada-denuncia-cuatro-temporeras-empresario-supuesto-acoso-sexual.html

[2]https://www.libertaddigital.com/sucesos/2025-06-26/una-multitud-intenta-linchar-a-varios-magrebies-al-grito-de-gora-eta-en-guipuzcoa-7270470/

[3] Aquí habría que recordar que el segundo grupo inversor de Atresmedia es Bertelsmann, compañía editorial que publicó el grueso de la propaganda nazi durante el III Reich; de ahí el racismo antirruso y el tufo anticomunista que despide La Sexta.

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