miércoles, 15 de octubre de 2025

LA LEYENDA DE ZHENG HE, EL GIGANTÓN CHINO Y CASTRADO QUE PUDO LLEGAR A AMÉRICA CON SU FLOTA 71 AÑOS ANTES QUE CRISTÓBAL COLÓN

Lucas de la Cal

El Mundo, 27/08/2025

Se sabe que la impresionante flota de Zheng He, llegó hasta África. Y un mapa sugiere que pudo visitar América en 1418. Pero hay más bruma y revisionismo que certezas respecto al gran hito de los Ming

Un mural representa a Zheng He y los barcos de su 
impresionante flota, con la que hacía 'propaganda' de la dinastía Ming.

Cuando los océanos aún eran espejos sin nombre; cuando Europa tanteaba los límites de su propio horizonte; cuando el viento era un mensajero de los dioses y no un instrumento de los hombres, un explorador eunuco musulmán que medía casi dos metros se alzó desde el corazón de la China imperial para medir el pulso del mundo. El almirante Zheng He, que así se llamaba este gigantón, dirigía una flota colosal que surcaba los mares en el siglo XV sirviendo al emperador Yongle, tercero de la dinastía Ming, más conocido como Dragón Celestial.

Zheng estuvo al frente de siete expediciones entre 1405 y 1433 a bordo de los baochuan, los «barcos del tesoro», enormes navíos de madera de hasta nueve mástiles y 120 metros de eslora que eclipsaban a las posteriores carabelas ibéricas. Sus flotas recorrieron el Océano Índico, visitaron las costas de Ceilán (la actual Sri Lanka), la Península Arábica, y llegaron hasta los puertos de África Oriental. Su misión, cuentan los historiadores chinos, no era la de un conquistador ni un misionero. No pretendía colonizar sino dar a conocer a otros pueblos el esplendor de la dinastía Ming y obligar a los gobernantes de tierras lejanas a ofrecer tributos a cambio de rutas comerciales.

Rescatamos este 12 de octubre la historia de Zheng porque algunos eruditos contemporáneos y entusiastas revisionistas defienden que el explorador chino personalmente, o al menos algunos de sus capitanes, alcanzaron las costas de América y que esto lo hicieron 71 años antes de la llegada de Cristóbal Colón. Una hipótesis, popularizada por primera vez por el escritor y ex comandante de la Armada británica Gavin Menzies, quien publicó a principios de siglo un libro, 1421: El año en el que China descubrió América, en el que presenta una serie de mapas supuestamente dibujados por marineros de la flota de Zheng en el que se aprecia el continente americano.

Menzies sostiene que fue Zheng y no Colón quien se habría anticipado a la globalización, navegando hasta el Nuevo Mundo con un espíritu de diplomacia, no de conquista. Pero la realidad es que hay una corriente dominante de académicos que alega que no existe evidencia arqueológica ni documental convincente que permita vincular las flotas de Zheng con América, y que las crónicas imperiales no citan nada sobre travesías más allá de África.

Las tesis de Menzies aparecen también en otro libro publicado el año pasado (Exploración global china en la era precolombina) por la académica chino-estadounidense Sheng-Wei Wang. «De los siete formidables viajes de Zheng He, con más de 300 barcos y casi 30.000 personas a bordo, se conserva muy poca documentación. A su regreso del último viaje, China había experimentado un cambio hacia una política aislacionista, con un nuevo emperador que había abandonado la exploración marítima, y gran parte del registro histórico de las expediciones de Zheng fue destruido, por lo que continúa siendo un misterio hasta dónde pudieron llegar», señala la autora, que cita varias cartas náuticas que señalarían áreas desconocidas del Caribe antes de la llegada de Colón a Bahamas en 1492, como las dibujadas por el cartógrafo italiano Zuane Pizzigano.

Wang también toma como referencia el primer mapamundi conocido escrito íntegramente en mandarín, publicado en 1602 por el misionero italiano Matteo Ricci, pionero jesuita en China que introdujo el cristianismo y la cultura occidental en la dinastía Ming. Se considera que el mapa de Ricci se inspira en planos originales europeos, pero Wang asegura que, tras analizarlos, llegó a la conclusión de que la fuente original se encontraba en mapas probablemente dibujados por marineros de la flota de Zheng durante sus siete viajes. Uno de los ejemplos que presenta es que Ricci ubica la actual isla de Cabo Bretón, en la costa atlántica de Canadá, dividida en dos por un canal existente que no aparece en ningún mapa europeo antiguo. Su teoría, compartida en otro estudio de un arquitecto y un topógrafo canadiense, es que los chinos habían llegado a la isla en 1433.

Los historiadores chinos cuentan que Zheng He nació lejos del mar, en la provincia de Yunnan, que terminó capturado por los mongoles, quienes castraron al explorador durante su pubertad. Zheng, como tantos otros niños eunucos, terminó sirviendo en la corte imperial de la entonces capital, Nanjing, donde fue ascendiendo hasta convertirse en el consejero principal del emperador. En 1405, se embarcó en el primero de sus siete viajes, llegando a las costas de Vietnam, atravesando el estrecho de Malaca y navegando hacia el oeste a través del Índico. En la cuarta expedición alcanzó el estrecho de Ormuz, en el golfo Pérsico. Los viajes posteriores fueron aún más hacia el oeste, entrando en el Mar Rojo hasta la costa de África Oriental. Luego, según la versión alternativa alejada del consenso historiográfico, la flota habría seguido hasta la desembocadura del río Orinoco (Venezuela) y, más adelante, hasta el estrecho de Magallanes.

El británico Menzies, que pasó 15 años estudiando registros históricos y mapas antiguos, también apuntaba en su libro que los barcos liderados por Zheng llegaron a alcanzar lo que hoy es Australia, 350 años antes de la llegada de la expedición dirigida por el capitán James Cook (1770). Hace una década, un equipo de arqueólogos australianos encontró una moneda de la dinastía Qing que dataron de entre los años 1735 y 1795. El jefe de la excavación manifestó que se trataba de otra prueba más de que los chinos habían tenido contacto con los aborígenes de la región antes de la llegada de los británicos.

Sobre el «descubrimiento» de América, en 2006, en la prensa internacional hizo mucho ruido la comparecencia de un abogado chino, Liu Gang, que aseguró haber encontrado en una librería de Shanghai un mapa de 1763 con trazados de los cinco continentes que tenía una anotación en la que aclaraba que era una reproducción de otro mapa de 1418. Muchos expertos internacionales señalaron que aquel mapa era claramente un engaño.

La duda, acentuada por los revisionistas, persiste como una bruma sobre el mar. Sólo hay vestigios de rutas, fragmentos de leyendas y algunos mapas que insinúan una presencia oriental en América antes de 1492. Zheng He fue el almirante que surcó los océanos al frente de flotas más vastas que cualquier sueño europeo de su tiempo. Pero más allá de África, de los confines del Índico, se abre un silencio que muchos dentro y fuera de China continúan pretendiendo llenar: ¿pudo aquel explorador chino alcanzar las orillas de un Nuevo Mundo que Colón aún no había ni soñado?

LA CADENA DE AZARES Y CHIRIPAS QUE HA HECHO DEL INGLÉS LA LENGUA MÁS IMPORTANTE DEL MUNDO

Rafael del Moral

El Confidencial, 27/08/2025

El habla de los anglos, en sus orígenes un pueblo germano campesino y guerrero, ha estado varias veces a punto de desaparecer, pero ha superado las adversidades hasta convertirse en el idioma global.

El dominio actual del inglés es el resultado de situaciones afortunadas y coincidencias azarosas, casi siempre favorables a los británicos. Cualquier cambio en la historia podría haber frustrado su expansión. ¿Cuáles fueron esos momentos en que podría haberse debilitado la actual lengua más importante del mundo? El inglés fue, hace muchos siglos, lengua de un pueblo germánico campesino y guerrero, los anglos, una de las tribus vecinas del Imperio romano que ocupaba territorios al otro lado del Rin, frontera noroccidental del Imperio romano. Aquellos germanos, divididos en tribus, ocupaban la mayor parte de lo que hoy son Alemania, Países Bajos y sur de Escandinavia. Probablemente no tenían conciencia de grupo. Al igual que tantas otras hablas, estaba llamada a la desaparición, pero inesperadamente superó las adversidades. Anglos, sajones y jutos, tres de aquellas tribus, se desplazaron a Gran Bretaña para ayudar a los britones en su lucha contra los irlandeses en el año 449. El inglés era por entonces una lengua ágrafa, mucho más preparada para su desaparición que para su permanencia, pero sorprendentemente superó la primera prueba y no se extinguió como las lenguas vecinas. En 1066 podría haberse producido un cambio que habría postrado al inglés para siempre y habría dejado la hegemonía al francés. Me refiero a la invasión normanda de la isla. Si la progresión hubiera seguido el camino que ya parecía trazado, la lengua internacional predominante podría ser hoy el francés, y no el inglés, pues los invadidos aceptaron con normalidad el cambio. La mayor parte de la clase dirigente, política o religiosa, fueron, sin excepción, francófonos, y las únicas lenguas de transmisión escrita, el latín y el francés. En un par de generaciones, la clase social alta marginó al inglés y se avino, sin discusión, a la lengua de los gobernantes porque eso es lo que desde siempre aconsejaban las costumbres. El papel social del inglés había sido alterado. Pero sucedió que la clase dirigente, tanto la advenediza como la local, perdió los contactos con Francia a lo largo del siglo XIII. Inglaterra se transformó en una entidad política cada vez más distante y desconectada de sus vecinos continentales. La lengua principal siguió siendo el francés, pero las relaciones con los hablantes de inglés, que era el pueblo, exigían el conocimiento de ambas. Sorprendentemente ese uso obligado hizo que el inglés se asociara cada vez más al reino de Inglaterra. Había tomado cuerpo en el ejército, nutrido de clases populares. Luego en las clases medias de la corte, y después se introdujo en las altas hasta extenderse como la principal lengua escrita de la administración a mediados del siglo XV. Un proceso excepcional y muy poco habitual en la evolución natural de las lenguas. Ese nuevo inglés ya es el actual. Y lo más sorprendente, no salía humillado de la larga convivencia, resucitaba sólido como lengua de una nación. Era la segunda situación azarosa y favorable a los anglófonos de la Edad Media.

Situémonos ahora en el objetivo de la Armada Invencible. Imaginemos que el Duque de Medina Sidonia, que dirigía la flota, no hubiera tenido aquellos errores fatales en su planificación y táctica; imaginemos que se coordina con éxito con Alejandro Farnesio en Flandes y se instala un sistema de señales costeras y escoltas rápidas para comunicar los movimientos; imaginemos que un clima favorable permite avanzar en bloque; que la flota inglesa sufre las dificultades habituales, que la Armada Española logra establecer un punto de desembarco el sur de Inglaterra; que desciende un contingente combinado de Tercios españoles y tropas flamencas que derrotan a las fuerzas locales mal organizadas; que se produce una rebelión católica interna en algunas regiones, especialmente en el norte; que Isabel I huye o es capturada, y que Felipe II impone un régimen católico en Inglaterra con un monarca dependiente. Si imaginamos todo eso, Inglaterra retorna al catolicismo; el papado recupera su autoridad y desaparece el anglicanismo, España consolida su dominio y en ese caso América del Norte no es colonizada por ingleses sino por españoles y franceses. Australia y la India podrían haber tenido un destino diferente y la Revolución Industrial inglesa podría retrasarse o no ocurrir, al no existir el mismo impulso mercantil y científico que se dio bajo el sistema británico. Si todo eso sucede, el idioma español podría haber salido más dominante globalmente, incluyendo partes de Norteamérica y África. Shakespeare no habría escrito sus obras, o lo habría hecho bajo censura o en el exilio. La literatura, la filosofía política liberal (Locke, Hobbes) y la ciencia inglesa (Newton) podrían no haber florecido. Y en su lugar, la cultura española del Siglo de Oro habría tenido mayor influencia global. Pero sucedió lo contrario. Era la tercera situación azarosa y favorable a los anglófonos de la Edad Moderna.

El impulso americano

Y habría más momentos de suerte, pero pasemos al año 1921 cuando el Imperio Británico había alcanzado su mayor extensión territorial. Lo que lo podría haber frenado era otra lengua europea expansionista. En las etapas de colonización sus competidoras fueron el francés, el español y el alemán. Pero el español perdió sus posibilidades en la batalla de Trafalgar, y después a lo largo del siglo XIX. Hubo, sin embargo, un hecho que podría haber modificado la trayectoria de las lenguas de Europa, la victoria de los alemanes en la Segunda Guerra Mundial. Si el nacional-socialismo vence a los rusos y si Estados Unidos no interviene podría haberse creado una superpotencia europea con el alemán como lengua de la gran nación. No es un deseo, desde luego, sino uno de los posibles recorridos de la historia. Nadie sabe lo que podría haber sido de las lenguas con el liderazgo del alemán, pero sí sabemos que tanto el griego como el latín y el ruso consiguieron su expansión gracias a las victorias en las campañas militares y el ensanche territorial. Es difícil de imaginar, pero no imposible, que una victoria del Tercer Reich hubiera hecho del alemán una lengua con una fuerza internacional. Era la cuarta situación azarosa y favorable a los anglófonos de la Edad Moderna.

La imagen que más contribuye al crecimiento del inglés, por encima de las nacionalidades, es la de una lengua esencialmente útil. Ese simpático perfil prevalece entre gente que, con independencia de su origen, es capaz de aceptar con simpatía los diversos acentos. La fortuna ha acompañado desde siempre a la trayectoria del inglés. Ha superado toda adversidad. Nunca antes se había introducido una lengua con tanta intensidad y admiración por tantos rincones. Nadie obligó a aprenderlo, ni se impuso como en la enseñanza, ni se exigió exhibirlo en los establecimientos públicos, ni se sufragó para promocionarlo. Tampoco se prohibió hablar otras lenguas que le hicieran sombra. También la fortuna acompañó al español, pero en menor medida. *Rafael del Moral es sociolingüista experto en lenguas del mundo y autor de la 'Enciclopedia de las lenguas', 'Breve historia de las lenguas', 'Historia de las lenguas hispánicas' y' Las batallas de la eñe', así como de numerosos artículos en revistas especializadas.

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