sábado, 28 de junio de 2025

LA EDAD DE ORO DE LA CULTURA MUSULMANA: EL RENACIMIENTO EN EL ISLAM

José Ángel Martos

Muy Interesante, 11/03/2020

[Vivimos tiempos de reescritura de la historia. El occidente colectivo se va al garete, su imperio se acaba y se pone nervioso. No quieren reconocer Europa y Norteamérica que han sido potencias dominadoras gracias a que tomaron prestado (aunque a veces también expoliaron) los recursos materiales pero también los inmateriales de otras culturas. Un ejemplo fueron las innovaciones que trajo a Europa el contacto con el Islam en su Edad de Oro, un contacto que fue determinante en la aparición del Renacimiento europeo. De no haber sido por ese contacto que engendró el Renacimiento, Europa habría seguido siendo el territorio pobre y atrasado que era en la Edad Media. Occidente, que tiene muy mala memoria, opta por la islamofobia. Más dura será su caída.]

Estatua de Averroes en Córdoba

Resulta difícil, por no decir imposible, citar una materia en la que el mundo oriental −reunido bajo la religión islámica desde la rápida expansión de esta en el siglo VII− no superase al cristiano occidental en la Edad Media: ocurría en la medicina, pero también en las matemáticas, la astronomía, la química, las letras, las humanidades y su floreciente arte.

Hacia 1138, en un momento de pausa en las guerras de las Cruzadas, un gobernador cristiano del Monte Líbano pidió al emir musulmán vecino que le enviara un médico para tratar algunos casos urgentes; sabía de la fama de la medicina que practicaban sus enemigos islámicos. Le cedieron a uno de la región que era cristiano oriental, para facilitar la relación. Este volvió, al cabo de pocos días, horrorizado ante las barbaridades que vio practicar a sus colegas occidentales, que acompañaban a los guerreros. Explicó el caso de un caballero con un enorme absceso de pus en la pierna que él quería tratar con un emplasto hasta que el tumor se abriera. Pero un matasanos franco (como llamaban a todos los cruzados) se le adelantó y le dijo al enfermo: “¿Qué prefieres, vivir con una pierna o morir con las dos?”. El guerrero, lógicamente, optó por lo primero. La innecesaria amputación fue, además, ejecutada bestialmente, a hachazos; como relató el médico oriental, “la médula salió fuera de la pierna y el herido murió en el acto”. Un caso que para la medicina islámica hubiera resultado fácilmente solucionable tuvo un final trágico. No es extraño que el narrador de la anécdota, el emir cronista sirio Usama Ibn Munqidh, tuviese una opinión poco elevada de los invasores. Cuando le propusieron que su hijo se educara en las cortes europeas, contestó que prefería llevarlo “a la cárcel antes que al país de los francos”.

Dos mundos antagónicos

Las Cruzadas, con el obligado encuentro entre las dos civilizaciones, pusieron de mani­fiesto, para todos los europeos que acudieron a dominar a los “in­fieles”, algo que desde hacía tres siglos sabían los habitantes de Hispania: aquellos musulmanes estaban mucho más avanzados en todas las áreas del conocimiento.

La conclusión a la que han llegado gran parte de los estudiosos es que el mundo musulmán vivió su Edad de Oro entre los siglos VIII y XII-XIII, con un liderazgo intelectual fruto de haber conocido y mejorado el legado clásico de civilizaciones como la griega, la egipcia o la persa. Así lo demuestra una larga lista de descubrimientos y avances, que van desde el uso del petróleo hasta la inauguración de los primeros hospitales de los que tiene conocimiento la historia, o la revolución practicada en la agricultura y el aprovechamiento del agua. Algunos historiadores incluso se atreven a emitir un veredicto a la luz de estos apabullantes adelantos: el Renacimiento, con su revolución humanística, no empezó en Italia, sino en el islam.

Una educación esmerada

El fundamento de los logros en todos estos campos emana de la importancia que se le concedió a la educación y el conocimiento, preconizada en el Corán. El islam medieval absorbió el legado clásico griego, y muy especialmente las obras de Aristóteles, vertidas al árabe por las e­ficaces escuelas de traductores que surgieron en cenáculos como la Casa de la Sabiduría de Bagdad, instituida en el siglo VIII por el famoso califa abasí Harún alRashid (el de Las mil y una noches).

Una de las mayores aportaciones islámicas sería el concepto de “enseñanza superior”. Aunque la consideración de primera universidad del mundo la ostenta Bolonia (Italia), fundada en 1088, tal título se lo disputa la madrasa de Qarawiyyin, en Fez (Marruecos), creada en el año 859 por dos mujeres y reconocida incluso en el Libro Guinness de los Récords.

La madrasa (nombre que hoy se asocia a escuelas coránicas) fue creada para ofrecer una enseñanza más especializada, asimilable a nuestro concepto de universidad, aunque integraba distintas funciones, entre ellas la propia de la enseñanza y la de colegio mayor.

La división que hoy hacemos entre ciencias y letras era totalmente ajena a la mentalidad cultural del islam de la Edad Media. Para ellos, los saberes se organizaban en otros dos grupos. Por un lado, lo que llamaban “ciencias de los antiguos”, que eran aquellas disciplinas basadas en conclusiones racionales (lo que vendrían a ser nuestras actuales ciencias); la primera de todas, la ­filosofía, “la reina de las ciencias”, como también lo había sido para los griegos, cuyo modelo educativo era similar. Emanando de ella, se enseñaban las matemáticas y las diversas ciencias naturales, especialmente la medicina, la alquimia (precedente de la química), la astronomía y la astrología (una suerte de astronomía aplicada).

La otra gran rama del árbol del saber islámico la formaban las “ciencias del Corán”, derivadas del estudio de su libro sagrado y cuyo fundamento era la inspiración divina, por lo que no se cuestionaban racionalmente, sino que se aceptaban por autoridad y tradición. Serían nuestras “ciencias religiosas”. Este campo incluía el estudio y la recitación del Corán y de las tradiciones vinculadas, pero también todas las disciplinas de letras: filología, gramática, literatura (que, además de prosa y poesía, abarcaba la historia) y, asimismo, jurisprudencia (Derecho), ya que el ordenamiento jurídico tenía raíz religiosa (no había legislación civil).

Apasionados de la ciencia

Impresiona la enorme producción científica de la que hicieron gala los árabes durante el período de entre cuatro y seis siglos que abarca su Edad de Oro, tanto por su calidad como por la diversidad de sus intereses. Se vivía una auténtica pasión por la ciencia que acarreaba descubrimientos y avances en casi todas las disciplinas. Prueba de ello es que incluso aparecieron las primeras historias de la ciencia, que recogían los grandes logros del pasado.

La más notable de todas fue escrita precisamente en la península Ibérica por el almeriense Said alAndalusí, un respetado intelectual que llegó a ser un importante político y hombre de confianza del rey de Toledo Al-Mamún, quien le nombró cadí de la ciudad. Allí encontró tiempo para desarrollar su pasión por el saber y escribió el Libro de las categorías de las naciones (Kitab Tabaqat al-Umam). Esta obra no solo fue un gran compendio sobre la evolución de la ciencia, sino que resultó innovadora en sí misma porque, en lugar de adoptar un enfoque biográfico, se escribió con una organización temática, centrada en la expansión de la ciencia desde la Antigüedad hasta sus contemporáneos.

Médicos que también eran filósofos

Como hemos visto en la anécdota que iniciaba este artículo, la medicina árabe estaba a años luz de la europea. Mientras los practicantes de esta, en el siglo XI, apenas si superaban la categoría de curanderos, en Damasco ya se había creado el primer hospital en el año 707. Los mejores especialistas islámicos tenían un rasgo en común: su condición de médicos filósofos, dominadores de un amplio abanico de disciplinas, el distintivo de los humanistas.

Si el precursor fue el médico persa del siglo IX Al-Razi, que diferenció entre las enfermedades de la viruela y el sarampión y escribió tratados enciclopédicos, muchos de los grandes nombres de la medicina árabe que nos han llegado son andalusíes. El primero es Albucasis (Córdoba, 936-1009). Se le considera pionero de la cirugía moderna, mérito al que hay que sumarle que era más versátil que los actuales cirujanos especializados: realizó operaciones oftalmológicas, de oído, de garganta e incluso implantes dentales. Además, fue el inventor del fórceps. Su gran tarea práctica la documentó con una abundante descripción de sus técnicas y de los aparatos quirúrgicos que utilizaba, plasmada en su enciclopedia de treinta volúmenes Kitab Al-Tasrif (Libro de la práctica médica). Este texto se convirtió en manual de referencia durante casi seis siglos, en el mundo islámico y en Europa (fue traducido al latín). Albucasis solo sería eclipsado por Avicena (980-1037), quien desarrolló su carrera en Irán y escribió la obra de mayor influencia en la materia, el Canon de Medicina. Otra figura fue el sevillano Avenzoar, que describió los fundamentos de varias enfermedades, como la otitis, la meningitis y la sarna; también introdujo la disección en autopsias.

Averroes (Córdoba, 1126–Marrakech, 1198) probablemente sea la personalidad más recordada hoy de toda la ciencia árabe. Se le conoce sobre todo por su producción filosófica, en especial por sus comentarios a la obra de Aristóteles, que le llevaron a ser llamado “el comentador”. A pesar de este apodo, Averroes no se quedó en Aristóteles, sino que profundizó con ideas propias que lo distanciaron a veces de las conclusiones del maestro griego. Sus aportaciones más importantes las realizó en la filosofía del conocimiento, al intentar explicar el intelecto del ser humano, su capacidad de percepción y formulación de ideas y sus cinco sentidos. Aquí se combina su faceta de filósofo con la de observador del cuerpo humano, ya que postula la interacción entre el corazón, los nervios y el cerebro y da a este último el rol clave que hoy sabemos que tiene en las sensaciones, por entonces objeto de discusión entre los que apoyaban las ideas aristotélicas (que lo negaban) y las de Galeno (que sí había percibido su importancia). Averroes trató de superar esta disyuntiva.

Los avances de la medicina islámica alcanzaron una incontable cantidad de aspectos, que van desde las operaciones de cataratas hasta la anestesia, en la que fueron pioneros utilizando las propiedades soporíferas de las esponjas.

La revolución agrícola

Si en la medicina se aprecia el fuerte componente práctico de los científicos islámicos, la disciplina en la que más brilló la “I+D medieval musulmana” fue la agricultura. Esta área, fundamental en la economía de las sociedades islámicas, fue por primera vez objeto de una consideración científica y ello derivó en un avance exponencial de sus rendimientos, que ha llevado a los historiadores a hablar de una “revolución agrícola del islam medieval”.

Este enfoque científico partía de hacer acopio de la mayor cantidad de información posible de plantas y campos. Así, se compusieron manuales agrícolas sobre todos los aspectos relacionados, desde las técnicas de siembra hasta las necesidades de cada tipo de producto y sus ritmos de crecimiento. De esta forma, se pudieron introducir nuevos cultivos en lugares que hasta entonces no los tenían.

Punto y aparte merece el so­fisticado aprovechamiento del agua de que hicieron gala los agricultores islámicos. Introdujeron o mejoraron máquinas hasta entonces no conocidas o insuficientemente aprovechadas, como la noria, la presa hidráulica y los molinos de viento e hidráulico. Gracias a ellas y a otros ingenios, pudieron aumentar en gran cantidad la super­ficie de tierras cultivables. En conjunto, todas estas innovaciones dieron paso a una transición desde la economía de subsistencia a otra destinada al comercio y la exportación. Los protagonistas de estas actividades comerciales, los mercaderes árabes, aprovecharían también los conocimientos logrados en otras dos grandes áreas: la geografía y la astronomía.

Más allá de Ptolomeo

La Geografía de Ptolomeo fue traducida en Bagdad y, con el paso de los años, mejorada con descripciones más pormenorizadas de diversas regiones, en particular de África y Oriente. Luego, multitud de cartógrafos coadyuvarían a lograr una representación más completa del mundo conocido hasta entonces. Entre ellos sobresalió el ceutí Al-Idrisi (1100-1165), que en su Libro de Rogerio (el rey de Sicilia al que sirvió) dibujó cartografías muy precisas que serían de referencia durante los tres siglos posteriores. Al-Idrisi, además, defendió la esfericidad de la Tierra.

Además de los mapas y otros elementos cartográficos, los musulmanes utilizaron en sus expediciones el astrolabio, instrumento que, a pesar de haberles llegado a través de los griegos, era desconocido en la Europa medieval hasta que los árabes lo reintrodujeron en el Viejo Continente. Esto demuestra lo avanzado de su astronomía, que tuvo una vez más en Al-Ándalus su epicentro. Entre sus principales producciones destacan las Tablas Toledanas, que predecían el movimiento del Sol, la Luna y los planetas en relación a las estrellas, que en aquella época se consideraban fijas.

En definitiva, cabe a­firmar que, sin la influencia islámica, resulta difícil imaginar todos los avances cientí­ficos y tecnológicos que Europa adoptaría varios siglos después.

viernes, 27 de junio de 2025

CÓMO EUROPA SUBDESARROLLÓ A ÁFRICA

Angela Y. Davis

ElDiario.es, 24/06/ 2025


La editorial Capitán Swing reedita el reconocido ensayo del activista panafricanista Walter Rodney, publicado en 1972. Su prólogo, de Angela Davis, profundiza en el impacto de una obra que aportó una nueva perspectiva al subdesarrollo en África.

Cuando Walter Rodney fue asesinado, en 1980, a la prematura edad de treinta y ocho años, ya había culminado lo que pocos académicos son capaces de conseguir en carreras bastante más extensas que la suya. La disciplina de la historia de África nunca volvería a ser la misma tras la publicación de De cómo Europa subdesarrolló África.

Al mismo tiempo, este análisis meticulosamente documentado sobre las persistentes repercusiones que tuvo el colonialismo europeo en el continente de África ha radicalizado las posiciones del activismo antirracista en todo el mundo. De hecho, el término «activista académico» adquiere su sentido más rotundo cuando se emplea para plasmar la pasión generativa que vincula la investigación de Walter Rodney con su determinación para librar al planeta de todos los frutos del colonialismo y la esclavitud.

Casi cuarenta años después de su muerte, sin duda necesitamos ejemplos tan brillantes como este de lo que significa ser un intelectual convencido que reconoce que la mayor importancia del conocimiento es su capacidad para transformar nuestros mundos sociales.

De Walter Rodney, y de aquellos que antes y después de él se han involucrado en el marxismo con un espíritu crítico al tiempo que desarrollaban análisis históricos del colonialismo y la esclavitud, hemos aprendido que cuestionar las profundamente arraigadas premisas del capitalismo sobre la naturaleza y el progreso humanos es una de las tareas más importantes para los teóricos y activistas que se proponen desmantelar las estructuras y la ideología del racismo.

Al refutar el argumento de que la subordinación de África a Europa emanaba de una propensión natural al estancamiento, Rodney rechaza asimismo la presunción ideológica de que únicamente la intervención externa sería capaz de generar un progreso en el continente. Si bien la colonización duró oficialmente tan solo unos setenta años —un tiempo, como señala Rodney, relativamente corto—, fue en ese periodo cuando se produjeron cambios colosales tanto en el mundo capitalista (esto es, en Europa y Estados Unidos) como en el mundo socialista emergente (especialmente en Rusia y China). «Contemplar el paso del tiempo —insiste— o incluso avanzar a ritmo lento mientras los demás saltan hacia delante es prácticamente lo mismo que ir hacia atrás».

En De cómo Europa subdesarrolló África, Walter Rodney argumenta de forma exhaustiva que el imperialismo y los diversos procesos que dieron impulso al colonialismo crearon bloqueos estructurales impenetrables para el progreso económico y, por lo tanto, también político y social del continente. Al mismo tiempo, su argumentación no trata de absolver a los africanos de la «responsabilidad última sobre el desarrollo».

Me siento extremadamente privilegiada de haber podido conocer a Walter Rodney durante mi primer viaje al continente africano, en 1973. Menciono esta visita a Dar es Salam porque se produjo poco después de la primera publicación de De cómo Europa subdesarrolló África y porque, por un breve espacio de tiempo, fui testigo de primera mano de la urgencia revolucionaria que se fraguó en los círculos académicos y activistas que había a su alrededor. No solo tuve ocasión de presenciar las conferencias y debates que él organizaba en la Universidad de Dar es Salam en torno a la relación entre la liberación africana y la respuesta global al capitalismo, sino que también visité los campos de entrenamiento del MPLA, donde conocí a Agostinho Neto y la estructura militar que combatía al Ejército portugués. Los análisis de Walter Rodney reflejaban tanto una investigación histórica sobria y bien razonada, conformada por categorías y críticas marxistas, como un profundo sentido de la coyuntura histórica, que se definía por los movimientos revolucionarios globales, en especial por las luchas para la liberación africana de aquella época.

Si las contribuciones académicas y activistas de Walter Rodney fueron un ejemplo de lo que más se demandaba en aquel momento histórico en particular —fue asesinado porque creía en la posibilidad real del cambio político radical, también en Guyana, su tierra natal—, sus ideas adquieren un valor aún mayor hoy en día, cuando el capitalismo ha reafirmado su permanencia de modo tan agresivo y cuando las fuerzas opositoras organizadas que una vez existieron (no solo la comunidad de naciones socialistas, sino también las naciones no alineadas) han quedado prácticamente eliminadas. Quienes nos negamos a conceder que el capitalismo global representa el mejor futuro para el planeta y que África y el antiguo tercer mundo están destinados a permanecer para siempre en la pobreza del «subdesarrollo» nos enfrentamos a la siguiente y crucial pregunta: ¿cómo podemos alentar una crítica radical al capitalismo que sea integral a las luchas contra el racismo, al tiempo que promovemos el reconocimiento de que no podemos concebir el desmantelamiento del capitalismo mientras las estructuras del racismo permanezcan intactas? En este sentido, depende de nosotros continuar, expandir y profundizar el legado de Walter Rodney.

Breve historia de Walter Rodney

Walter Anthony Rodney (Georgetown, 23 de marzo de 1942 - Georgetown, 13 de junio de 1980) fue un historiador, activista político y académico guyanés. Fue asesinado en el verano de 1980.

Viajó mucho y se hizo conocido internacionalmente como activista, académico y orador. Fue un fuerte crítico del capitalismo y argumentó que solo bajo “del socialismo y a través del liderazgo de las clases trabajadoras”, África podría romper con el imperialismo.

El 15 de octubre de 1968 el gobierno de Jamaica declaró a Rodney persona non grata. La decisión de prohibirle regresar a Jamaica y su posterior despido por parte de la Universidad de las Indias Occidentales, Mona, provocaron protestas de estudiantes y clases populares de West Kingston que desembocaron en disturbios, conocidos como los disturbios de Rodney, que resultaron en seis muertos y causaron millones de dólares en daños, explican desde Capitán Swing.

El 13 de junio de 1980, a los 38 años, fue asesinado en Georgetown por un explosivo colocado en su automóvil, un mes después de regresar de las celebraciones de la independencia de Zimbabue en un momento de intenso activismo político.


lunes, 23 de junio de 2025

COLONIZÓ MEDIO MUNDO: EL OLVIDADO PUEBLO QUE DIO LUGAR A LA MAYOR EXPANSIÓN GENÉTICA Y CULTURAL DE LA HISTORIA

Franco Parietti

Canal 26, 20/06/2025

[Otra prueba más de las raíces rusas compartimos todos los europeos. Declararale la guerra a Rusia es declararnos la guerra a nosotros mismos.]

Se estima que más del 70% del material genético de muchos europeos modernos proviene de un antiguo grupo que habitaba las actuales Rusia y Ucrania.

A lo largo de la historia, múltiples civilizaciones dejaron huellas visibles: imperios, monumentos, lenguas y religiones que sobrevivieron al paso del tiempo. Sin embargo, detrás de las estructuras más conocidas se esconde la historia de un pueblo casi olvidado, cuya influencia fue tan vasta como determinante.

Aunque su nombre no aparece en los libros escolares, su legado está presente en los genes, lenguas y la forma en que se organizan muchas de las sociedades actuales. Se trata de los Yamnaya, un pueblo ubicado entre lo que hoy es Ucrania, el suroeste de Rusia y Kazajistán occidental que, según estudios, dio origen genético a casi la mitad de la población actual de Europa y gran parte de Asia.

Los miembros de este grupo vivieron hacia el 3300-2600 a.C. y se caracterizaron por su movilidad, uso avanzado de la rueda y los carros, y por practicar un tipo de ganadería extensiva que les permitía desplazarse grandes distancias. Este estilo de vida nómade, combinado con un conocimiento temprano del uso del caballo, fue clave para su expansión.

Lo más impactante es que, gracias a estudios de ADN antiguo, hoy se sabe que los Yamnaya no solo se desplazaron físicamente, sino que reemplazaron una gran parte del componente genético de las poblaciones de Europa central y del norte.

Este “reemplazo” fue también cultural: muchas lenguas actuales de Europa y Asia tienen su raíz en el protoindoeuropeo, que se cree fue hablado por los Yamnaya o sus descendientes. Es decir, este grupo fue responsable de la expansión de una familia lingüística que hoy domina medio mundo: desde el inglés hasta el hindi, pasando por el español, el ruso y el persa.

El legado de los Yamnaya influye hasta hoy en día

Los Yamnaya protagonizaron una de las migraciones más influyentes de la historia de la humanidad. Su legado sobrevive silenciosamente en la genética de millones de personas y en cada palabra pronunciada en cientos de idiomas indoeuropeos. Irónicamente, este pueblo que transformó al mundo sigue siendo, para la mayoría, un gran desconocido.

Los resultados de nuevos estudios arrojan luz sobre cómo surgió la población yamnaya y la forma en que propagó nuevas culturas y lenguas por Europa oriental. Incluso, se conoció que este misterioso grupo irrumpió desde el este en Europa occidental, trayendo consigo la blancura de piel característica de los habitantes europeos modernos.

Pacíficamente o a través de la guerra, los Yamnaya llegaron a todos los rincones de Europa, protagonizando uno de los movimientos de población más significativos de la historia, con el que transformaron completamente el Viejo Continente.

miércoles, 4 de junio de 2025

LAS GUERRAS DEL CARBÓN: CUANDO LOS “REDNECKS” HICIERON HONOR A SU NOMBRE

[En todas las latitudes hay un sur. Estados Unidos, el hegemón de la época que nos ha tocado vivir, tiene un sur, pobre y marginado, en el que hay gente que lucha. Pero esto, obviamente, no le gusta al hegemón y lo silencia. Lo que sigue es un episodio de la historia de EE.UU. que la burguesía norteamericana no quiere que conozcas.]

Monumento minero frente al capitolio de Charleston, West Virginia

1. Origen del término “redneck”

    El término “redneck” es una palabra de connotaciones despectivas que se usa abundantemente en EEUU para referirse a los individuos blancos de clase trabajadora de los estados del sureste del país. Estos estados son concretamente los que están por debajo de la línea Mason-Dixon, que ha separado tradicionalmente el norte industrial del sur agrícola. La palabra suele ser sinónimo de paleto, ignorante y reaccionario. Su origen, sin embargo, no está del todo claro y, de hecho, hay dos versiones. La más extendida, y también la más inocua, es que los “rednecks” al ser campesinos de origen británico y, por tanto, de piel muy clara, tenían el “cuello rojo” (esa es la traducción literal de la expresión inglesa) de exponerse al sol. La otra, menos conocida, tiene que ver con el pañuelo rojo que lucían en el cuello los mineros de los Montes Apalaches (que recorren la zona de norte a sur) cuando se enfrentaban en sus conflictos laborales a la burguesía norteamericana y a sus secuaces. Y aquí surge la pregunta: ¿cómo es posible que unos individuos con tal fama de reaccionarios se enfrentaran a la autoridad? Respuesta: porque la mala fama de los “rednecks” se basa en análisis superficiales y prejuiciosos que soslayan el hecho fundamental de la lucha de clases.

2. Los antecedentes de los “redneck”

    Los “rednecks” tienen su origen étnico en los llamados Scotch-Irish. Estos escoceses irlandeses eran gente oriunda de las “lowlands” (tierras bajas) de Escocia, especialmente de Glasgow y alrededores, a los que el rey Jacobo I de Inglaterra y VI de Escocia, en el siglo XVIII, ofreció tierra en el Ulster (Irlanda del Norte) para acabar con las disputas entre ingleses y escoceses en la frontera entre ambas regiones del Reino Unido. Estos escoceses que se asentaron en el Ulster eran protestantes presbiterianos, una suerte de calvinistas a la escocesa seguidores del reformador John Knox, por lo que muy pronto chocaron con la población nativa irlandesa de fe católica. Todo ello, unido a las malas cosechas producidas por el enfriamiento del clima y la sequía (a finales del siglo XVII Europa entra en una pequeña edad de hielo [1]), motivaron que los problemáticos Scoth-Irish emigraran a las colonias americanas.

       Así, este grupo étnico procedente de las Islas Británicas se asentó mayoritariamente en los Montes Apalaches: Esta zona era la frontera entre las 13 colonias y el territorio dominado por los indígenas y por otras potencias imperiales europeas en el continente americano, como Francia. Siendo unos tipos rudos y pendencieros, ocuparon el lugar que el resto de colonos no quería ocupar, la frontera, un territorio en conflicto permanente. Además, era un terreno escarpado, desconectado de las ciudades y cubierto de bruma y bosque, lo que acentuó el carácter individualista de estos colonos. Allí desarrollaron una peculiar manera de hablar (aunque ya el acento originario del Ulster era suficientemente fuerte) y un estilo de vida marcado por la rigurosa ética del trabajo calvinista, pero también por su amor por la música [2] y el whisky.

      Desde el principio, los habitantes blancos de los Apalaches fueron un incordio para el poder colonial británico. Aparte de ser poco respetuosos de la ley, hacían incursiones al otro lado de los mencionados montes, en los territorios de los actuales estados de Kentucky y Tennessee, que eran en esa época eran posesiones francesas. Esto indisponía a la corona inglesa con Francia. Todo esto motivó que, en 1776, cuando las colonias americanas declararon su independencia de la metrópolis, estos montañeses lucharan del lado del bando independentista. De hecho, en la zona de los Apalaches, conociendo el carácter belicoso de los Scotch-Irish, los lealistas apenas se atrevieron a levantarse en armas.

3. Los “minutemen” y la Rebelión del Whisky

      Una vez estalló la Guerra de la Independencia norteamericana, los Scotch-Irish fueron una pieza clave para la victoria frente a los ingleses. Estos constituyeron una de las facciones guerrilleras (llamadas “minutemen”) que más bajas causó al enemigo. Entrenados en sus refriegas con los indígenas, los combatientes de los Apalaches habían aprendido a emboscar a las fuerzas regulares en las laderas brumosas de lugares como las Smoky Mountains (Carolina del Norte), desde donde destrozaron al ejército colonial británico. Esto los llevó a ser apodados por uno de los más reputados oficiales británicos de la época, el coronel Patrick Ferguson, los “white barbarians” (bárbaros blancos). Ferguson, por cierto, acabó muerto en una emboscada de los Scotch-Irish en la batalla de Kings Mountain, en Carolina del Sur.

   Tras la guerra, muchos de los combatientes recibieron tierras como premio a su contribución en el conflicto armado y se establecieron como granjeros en ellas. Una de las zonas que más prosperó era la poco habitada zona de los Apalaches. Pero pronto empezaron a chocar con el nuevo poder, el gobierno federal de los EEUU dirigido por George Washington. Este, viendo que el país estaba en bancarrota tras el esfuerzo bélico, se sacó de la chistera un impuesto que gravaba fuertemente la fabricación y distribución de whisky. Esta bebida, por una parte, era muy popular entre los descendientes de irlandeses y escoceses, quienes la consideraban parte de su cultura y, por otra, servía para dar salida al exceso de grano de las buenas cosechas, así como para redondear los ingresos de las granjas. Además, el impuesto era de carácter regresivo y pagaban más los pequeños productores. Peor aún, el impopular impuesto recordaba demasiado a las abusivas tasas de la época colonial; justamente fueron los excesivos impuestos los que provocaron la guerra contra Inglaterra con la insurrección del Boston Tea Party. Por todo ello, no era infrecuente que los recaudadores de impuestos del gobierno federal acabaran molidos a palos o incluso rociados con brea y emplumados por los rudos montañeses, que ya en esa época se ocultaban en los bosques para hacer whisky clandestinamente en noches de luna llena. De ahí que al whisky de esa zona montañosa de EEUU se le llame “moonshine” (luz de luna) y a los destiladores ilegales “moonshiners”.

Escena de la Rebelión del Whisky con el recaudador embadurnado de brea y plumas

  Así las cosas, en 1791, en el oeste de Pensilvania, estalló la llamada “Whiskey Rebellion” contra el gobierno de George Washington. Para aplastarla, el primer presidente norteamericano se tuvo que emplear a fondo, usando una cantidad de tropas similar a la que había combatido contra los ingleses. El resultado fue una derrota de los “moonshiners” tras cuatro años de rebelión. Todo esto no dejaba de ser irónico: George Washington acabó aplastando a las facciones que más habían hecho por la independencia americana que le llevó al poder. Esto dejó un gran poso de resentimiento contra el gobierno federal en esta zona del país.

4. Los paletos se vuelven rojos

       Así las cosas, en 1791, en el oeste de Pensilvania, estalló la llamada “Whiskey Rebellion” contra el gobierno de George Washington. Para aplastarla, el primer presidente norteamericano se tuvo que emplear a fondo, usando una cantidad de tropas similar a la que había combatido contra los ingleses. El resultado fue una derrota de los “moonshiners” tras cuatro años de rebelión. Todo esto no dejaba de ser irónico: George Washington acabó aplastando a las facciones que más habían hecho por la independencia americana que le llevó al poder. Esto dejó un gran poso de resentimiento contra el gobierno federal en esta zona del país.

    Durante la Guerra Secesión americana los “rednecks”, siendo sureños y estando resentidos con el gobierno federal desde la Rebelión del Whisky, lucharon mayoritariamente en favor de la Confederación. No obstante, los sureños de extracción social más baja, sin grandes cantidades de tierra en su poder y, por tanto, sin esclavos que trabajaran para ellos, pronto decidieron que aquella no era su guerra. Así se dieron no pocos casos de zonas en las que los campesinos blancos pobres no acudieron a filas confederadas e, incluso, se enfrentaron al ejército del sur llegando a declarar la independencia de sus territorios.  Este fue el caso del Condado de Jones, en el estado de Mississippi, donde un grupo de rebeldes declaró ilegal la esclavitud e incluso promovieron las uniones interraciales. Además, acogieron y protegieron a esclavos que huían. Este grupo estaba liderado por Newton Knight, quien, a pesar de ser descendiente de dueños de esclavos con raíces en los Apalaches, desertó del ejército confederado y se casó con una antigua esclava negra, Rachel Knight [3]. Estos acontecimientos no se pueden explicar con los típicos clichés identitarios que adjudican a los blancos del sur indefectiblemente el rol de racistas y reaccionarios, pero sí si aplicamos una perspectiva de clases: los blancos pobres sentían que tenían más en común con los negros en tanto que eran ambos parte de “los de abajo.” Por tanto, la guerra dividió a los “rednecks”; unos se unieron al Ejército de la Unión, en cambio, otros se alistaron en el Ejército Confederado. Ese conflicto estuvo en el origen de muchas trifulcas (“feuds”, en inglés) entre familias de los Apalaches, especialmente la legendaria disputa familiar entre los Hatfield de West Virginia y los McCoy de Kentucky [4].

Rachel y Newton Knight

    Pero si hubo un momento álgido de las contradicciones entre clases sociales en esta zona de Estados Unidos fue durante el periodo 1890-1930, en lo que se dio en llamar las Guerras del Carbón. Y es que la zona de los Montes Apalaches fue (y sigue siendo, aunque ahora apenas se explote) una de las zonas más ricas en carbón de los Estados Unidos. De hecho, esta área proporcionó la cantidad necesaria de recursos energéticos para llevar a cabo la revolución industrial estadounidense. En otras palabras, la zona de “Appalachia” (así se le llama al otro lado del charco) es a EEUU lo que el Donbass ucraniano fue a la URSS. Así, los estados de West Virginia y Kentucky extraían el carbón que hacía funcionar las grandes fábricas de metal de Pensilvania, especialmente en el área de Pittsburgh (donde se llevó a cabo la huelga de Homestead, en la que tomaron parte los anarquistas Emma Goldman y Alexander Berkman.) Pronto, las malas condiciones laborales que sufrían los mineros los llevaron a asociarse en sindicatos. Fue entonces cuando las compañías mineras combatieron con mano dura la afiliación sindical, usando a todo tipo de paramilitares y matones, como la famosa agencia Pinkerton de detectives, que también se empleó a fondo en la citada huelga del metal de Homestead. Y también fue entonces cuando los mineros, con su característico pañuelo rojo al cuello, se levantaron declarando algunas de las huelgas más duras de la historia de la clase obrera norteamericana.

Mother Jones arengando a las masas en Montgomery (West Virginia) en 1912

Una de las primeras huelgas fue la de Paint Creek y Cabin Creek, en el Condado de Kanawha (West Virginia) en 1912. Paint Creek y Cabin Creek eran dos ríos que bañaban la zona minera. Liderados por el sindicato minero United Mine Workers (UMW), los huelguistas pedían algo tan básico como que se les reconociera el derecho a estar sindicados. La huelga duró desde el mes de abril hasta casi el de agosto, pero ya en mayo los matones de la agencia de detectives Baldwin-Felts reventaron la huelga trayendo a esquiroles. Las palizas, secuestros, tiroteos y demás sucesos violentos se hicieron habituales. En junio llegó desde Tennessee una sindicalista de origen irlandés, que había perdido a su marido e hijo en una epidemia de fiebre amarilla hacía años. Era Mary Harris Jones, más conocida como Mother Jones, una auténtica heroína de la clase obrera norteamericana. Jones organizó una marcha de 3.000 mineros hasta el capitolio de Charleston, la capital del estado. Poco después, acudieron a la llamada de Mother Jones otros 5.000 mineros desde otros puntos del estado, ante lo cual el gobernador William E. Glasscock declaró la ley marcial. Seguidamente, se prohibió el derecho de reunión y se empezó a juzgar a los líderes sindicales en tribunales militares. Mientras tanto Mother Jones y Sarah Blizzard, apodada a su vez Mother Blizzard por ser madre del líder minero Bill Blizzard, cuidaban de las familias de los mineros, que pronto empezaron a pasar hambre y caer enfermas. Ambas, por otra parte, organizaron la Marcha de los Paraguas, una manifestación de mujeres de mineros cuyo rasgo distintivo era que portaban un paraguas. Finalmente, Mother Jones fue apresada, juzgada por un tribunal militar al que ella nunca reconoció y condenada a 20 años de cárcel en la penitenciaría del estado, donde acabó enfermando gravemente de neumonía.

El clima de violencia se calmó con el nombramiento del nuevo gobernador del estado, Henry D. Hatfield, sobrino de Anse Hatfield, el patriarca del clan que inició la trifulca con los McCoy de Kentucky. Hatfield tenía más mano izquierda que su antecesor y lo primero que hizo fue trasladar a Mother Jones a un hospital y luego conmutar la disparatada sentencia de 20 años de cárcel por unos meses de arresto domiciliario. Además, el nuevo gobernador medió entre la empresa y los mineros por lo que vieron aceptados algunos de los puntos de sus reivindicaciones y acabaron por firmar el llamado Contrato Hatfield. Era eso o ser deportados a otro estado. En total, alrededor de 50 personas murieron en los enfrentamientos armados entre sindicalistas y matones a sueldo de la empresa. Pero no murieron en vano. Tras la paz, el senado de los EEUU abrió una investigación sobre las condiciones laborales en las minas de los Apalaches, y también en las del Mid West y Colorado, otros dos focos calientes donde también había habido encarnizados enfrentamientos entre mineros y matones de la patronal, con los Pinkerton a la cabeza. Por otra parte, la prensa se vio expuesta como colaboradora de la patronal y sus sicarios. Así, el dibujante socialista Art Young hizo una caricatura muy explícita de cómo Associated Press envenenaba la información sobre las huelgas para poner al gran público en contra del sindicalismo y a favor del pistolerismo empresarial usando el “prejuicio”, “datos suprimidos”, “difamaciones” y el “odio a las organizaciones obreras.” Y es que uno de los representantes locales de AP era “casualmente” miembro de los tribunales militares que juzgaron a los huelguistas. Como vemos, no ha cambiado nada ya que AP, esa agencia tan “modélica” para nuestros “democráticos” medios corporativos, sigue haciendo básicamente lo mismo.

Otro incidente sangriento fue la Batalla de Matewan, ocurrido en el condado de Mingo (West Virginia) en mayo del 1920. Todo empezó cuando unas familias del campamento minero de Matewan fueron desalojadas por la fuerza por los sicarios de Baldwin-Felts, a sueldo de la compañía minera. Era práctica habitual que la compañía mandara a sus sicarios desalojar a las familias de los mineros que se sabía o sospechaba que estaban afiliados a un sindicato. Pero esta vez los desalojos motivaron que el jefe de la policía de la ciudad, Sid Hatfield (otro miembro del clan de los Hatfield y simpatizante del sindicato minero) acudiera a detener a los pistoleros de la empresa para hacer cumplir la ley.  Sin embargo, los sicarios no solo se resistieron, sino que intentaron a su vez detener a Hatfield presentando una orden de detención falsa contra él. A la disputa se unió el alcalde de la localidad para mediar y calmar los ánimos. Por otra parte, un grupo de mineros acudieron a proteger a Hatfield. Al parecer, el detonante de la batalla campal fue que Albert Felts, uno de los jefes de la agencia de pistoleros, abrió fuego con una pistola que llevaba oculta en un bolsillo matando a un minero que estaba desarmado. Al instante, el jefe de los matones fue abatido por Sid Hatfield, que resultó herido en un hombro, y a partir de ahí todo se desarrolló como una escena de tiros de un western. El balance fue muy negativo para los pistoleros de la patronal, quienes sufrieron siete bajas (entre ellos uno de los jefes) frente a dos bajas en el bando de los mineros. El alcalde, por cierto, resultó herido y murió posteriormente en un hospital. Tras el sangriento incidente la imagen de la compañía minera y de la de la agencia de detectives se vieron enturbiadas mientras que los mineros fueron considerados unos héroes. Y a partir de ahí, los mineros consiguieron un ambiente más favorable a sus reivindicaciones.

Associated Press, caricaturizada por Art Young

      Pero si hay un episodio recordado de las Guerras del Carbón ese es la Batalla de la Montaña de Blair. Este tuvo lugar en el verano de 1921 en el Logan County, en el sur de West Virginia, y el trasfondo es parecido al de Paint Creek y Cabin Creek: la lucha de los mineros porque se les permitiera sindicarse. La compañía minera seguía sin respetar el derecho a sindicación de los mineros, despidiendo a los que lo hacían y trayendo de otras partes a mineros no sindicados para hacerlos trabajar como esquiroles. Pero los sindicatos mineros llevaron a cabo una campaña de sindicación masiva arengada por la incombustible Mother Jones, que por entonces contaba con 83 años de edad. La patronal minera, que estaba resentida contra Sid Hatfield, sobre todo cuando fue absuelto por la muerte de los matones de la empresa de detectives en Matewan, pagó a otros pistoleros para que lo mataran a tiros. Sid Hatfield era un héroe para los mineros así que su asesinato contribuyó a caldear los ánimos de los mineros del UMW. Así, el 7 de agosto de 1921 hubo una concentración de mineros en Charleston, la capital del estado. Tras este acto los líderes del sindicato se reunieron con el gobernador, a la sazón Ephraim Morgan, y le presentaron un documento con sus reivindicaciones. Al rechazar este las reivindicaciones, los mineros organizaron una marcha hacia el condado de Mingo, donde había tenido lugar la matanza de Matewan un año antes y donde la empresa no dejaba sindicarse a los mineros; sin embargo, esto implicaba pasar por el condado de Logan a través de la Montaña de Blair, donde había un sheriff, Don Chafin, que era absolutamente hostil al sindicalismo. Mother Jones desaconsejó la acción para que no ocurriera un baño de sangre, pero el 24 de agosto los mineros consiguieron reunir un grupo de 13.000 trabajadores y se dirigieron al condado de Logan. Por su parte, el sheriff Chafin había reunido una fuerza de 2.000 hombres armados a sueldo de las compañías mineras y se habían apostado en la Montaña de Blair. Estos, a pesar de ser menos numerosos, ocupaban una posición ventajosa al estar en alto y estaba mucho mejor pertrechados que los mineros. Además, habían alquilado aviones para poder atacar los asentamientos mineros desde el aire con armamento sobrante de la primera guerra mundial como gas mostaza y bombas. Por otra parte, el gobernador Morgan había movilizado a la Guardia Nacional para aplastar a los mineros. Y por si fuera esto poco, el presidente de la nación, Warren G. Harding, envió tropas federales, en total unos efectivos de 27.000 soldados.

“West Virginia: el mismo alineamiento de siempre.”
El presidente, el industrial y el ejército disparando al minero.

Las primeras acciones armadas empezaron a finales de agosto. Los mineros se emplearon a fondo para romper las líneas enemigas y llegar al condado de Mingo. Incluso usaron ametralladoras, algo muy avanzado para aquella época. Aquí habría que tener en cuenta que alguno de los mineros eran veteranos de la Primera Guerra Mundial así que las fuerzas del sheriff Chafin se vieron desbordadas y tuvieron que pedir refuerzos pronto. Así, el 2 de septiembre llegaron tropas del ejército de los EEUU, donde algunos mineros aún tenían muchos ex compañeros de los tiempos de la guerra. Fue entonces cuando los líderes del sindicato dieron la orden de retirarse. Tras varios días de enfrentamientos armados murieron entre 50 y 100 mineros, 30 del bando de la patronal y la Guardia Nacional y 4 soldados del ejército americano. Muchos de los mineros que se retiraban escondieron el armamento en los bosques para evitar el encarcelamiento. Había sido el levantamiento obrero más grande y violento de la historia de los EE.UU.

Tras el suceso casi 1.000 mineros fueron juzgados por traición y asesinato. Sin embargo, la presión popular simpatizante de la lucha de los obreros motivó que la mayoría fueran absueltos y que los pocos que fueron encarcelados no recibieran condenas muy largas. Sin embargo, la violencia hizo caer las cifras de afiliaciones al UMW hasta que tras la Gran Depresión el sindicato se relanzó de nuevo y pudo organizar a los mineros de los condados del sur de West Virginia, donde había más resistencia al sindicalismo por la acción conjunta de las fuerzas patronales y las autoridades.

Llegados a este punto habría que aclarar que el “Redneck Army”, los mineros que tomaron parte en las Guerras del Carbón, no estaban integrados solo por individuos blancos descendientes de los Scotch-Irish. Junto a estos había un importante colectivo de mineros afroamericanos, quienes lucharon codo con codo con sus compañeros de piel más clara. Se cree que llegaron a ser hasta un tercio de la plantilla en muchas explotaciones mineras. Los mineros negros contaban con el precedente de John Henry, un antiguo esclavo que trabajó haciendo túneles en las montañas de West Virginia y que aparece en el folklore de los Apalaches como un auténtico héroe popular. Tanto Henry como los mineros negros cuentan con diversas estatuas conmemorativas diseminadas por la geografía de los montes Apalaches. Por otra parte, entre los mineros también había inmigrantes de otras partes del mundo, especialmente de Europa, y, entre estos, había un nutrido grupo de españoles de Andalucía, Asturias y Galicia, principalmente. Estos canalizaron la solidaridad de los mineros de los Apalaches hacia el levantamiento minero de Asturias en 1934 y hacia la Segunda República española. También apoyaron la lucha contra el fascismo en nuestra Guerra Civil y recogieron multitud de refugiados españoles republicanos tras el conflicto armado [5].

Mineros blancos y negros trabajando juntos en una mina de los Apalaches

5. Tras la tormenta

Con la decadencia de la minería del carbón y la desindustrialización, la organización minera perdió fuerza. Muchos de los habitantes de la zona de los Apalaches emigraron a las grandes ciudades de la costa este o del Mid West, donde muchas veces fueron discriminados por ser de zonas pobres o simplemente por su peculiar acento. Esto motivó que en los años 60 muchos jóvenes “rednecks” emigrados a grandes urbes como Chicago fundaran organizaciones contraculturales como los Young Patriots, que recuperaron la bandera sureña, pero ya no como un símbolo racista, sino todo lo contrario, como un símbolo del proletariado blanco, la “Poor White Trash” (la “pobre basura blanca”) del sur contra la élite rica. Los Patriots, siguiendo los pasos del Partido de los Panteras Negras (con quienes mantuvieron importantes lazos de solidaridad), escribieron un manifiesto contra el fascismo, el capitalismo y el imperialismo, y se opusieron a la intervención norteamericana en Vietnam. Pero las drogas, las infiltraciones policiales, las escisiones y la cooptación por parte de la pseudoizquierda manejada por el Partido Demócrata impidieron que la Coalición Arcoiris (de la que los Panteras Negras, los Young Patriots y otros grupos de izquierda eran integrantes) convergiera en un movimiento unificado de clase que dejara atrás las particularidades identitarias.

Reunión de Panteras Negras y Young Patriots

Hoy día el área de los Apalaches es una zona deprimida y desindustrializada que está a la espera de que Trump materialice la promesa (incumplida en su primera legislatura) de reabrir las minas de carbón. Sin duda por eso la zona se ha volcado con Trump en las últimas elecciones a pesar de que estados como West Virginia han tenido una larga tradición de votar a los demócratas (por lo menos, hasta la legislatura de Bill Clinton.) Por otra parte, su decadencia se ha visto agravada por la inundación de opiáceos que hicieron adictos a miles de personas que no podían pagar la costosa cirugía de un país en el que la sanidad es privada. Por último, la belleza natural de los Montes Apalaches se ha visto amenazada por la práctica del fracking, una técnica de extracción de gas mucho más agresiva que la minería tradicional que, paradójicamente, ha sido especialmente impulsada por las administraciones demócratas, esas que tanto hablan de la Agenda 2030 y del calentamiento global.

Apaleados, detenidos, privados de libertad de sindicación, drogados, marginados e incluso atacados por el ejército de su propio país, los “rednekcs” han acabado convirtiéndose en una “etnia” más dentro de ese Estados Unidos corroído por la locura identitaria del “wokismo.” Ya no son “blancos”, ni “caucásicos”, sino “southerners”, o sea, “sureños”.  Algo parecido a los “irlandeses” en el Reino Unido, quienes, por lo menos hasta hace poco, figuraban como una categoría racial distinta de la de “blanco” en los formularios para demandar empleo. Todo esto demuestra que en la sociedad capitalista moderna el color de la piel no es lo determinante sino la clase social: un blanco pobre y, por ende, susceptible de ser conflictivo, hay que segregarlo de la élite blanca. Por eso una izquierda como la actual, obsesionada por las identidades, no puede ser más que cómplice de este decadente capitalismo globalista que nos está arrastrando al abismo.

Carl Rutherford, minero de West Virginia y músico de bluegrass y country-blues

Notas:

[1] Especialmente frío fue el invierno de 1739-40 donde las temperaturas rozaron en Irlanda los -20 ºC, en lo que se dio en llamar The Great Frost (la Gran Helada), que derivó en la hambruna de 1740-41. Previamente, en la primavera de 1740, había habido una gran sequía, algo que va aparejado a los periodos de frío, justo al contrario de lo que nos cuentan los calentólogos de los medios corporativos.

[2] Los Scotch-Irish llevaron el folklore británico al continente americano donde pronto se mezcló con otras influencias musicales. Se dice que estos británicos emigrados, aparte del alambique para hacer whisky, llevaron el violín bajo el brazo. Allí, este instrumento se mezcló con las guitarras de influencia hispana, las mandolinas oriundas de Italia y los banjos de origen africano para inventar una síntesis musical que se llamó “bluegrass”, el jazz de los blancos para algunos críticos y uno de las fuentes del rock and roll. De hecho, Elvis Presley, que era un “redneck” de Tennessee (aunque nacido en Mississippi), versionó “Blue Moon of Kentucky”, himno bluegrass del gran mandolinista Bill Monroe.

[3] De este poco conocido episodio de la Guerra Civil, Hollywood acabó por hacer una película protagonizada por Mathew McConaughey (en el papel de Newton Knight), sin duda para hacer propaganda de Black Lives Matter, y sus protectores del Partido Demócrata, en contra de Trump y del Partido Republicano. Sin embargo, todo esto es absurdo pues Newton Knight y sus partidarios se afiliaron precisamente al Partido Republicano, que era el partido del presidente abolicionista Abraham Lincoln y, por otra parte, el Partido Demócrata era el partido de los terratenientes esclavistas del sur y acabaría incluso convirtiéndose en la tapadera del Ku Klux Klan tras la Guerra Civil.

[4] Hay una miniserie norteamericana que trata de la disputa entre estos dos clanes de rednecks titulada Hatfileds & McCoys.

(https://en.wikipedia.org/wiki/Hatfields_%26_McCoys_(miniseries))

[5] Recomendamos leer el artículo “En las montañas. Spaniards in Southern West Virginia”, escrito por Thomas Hidalgo, un descendiente de mineros andaluces emigrados de Sierra Morena a los Apalaches.

(https://tracesofspainintheus.org/wp-content/uploads/2012/12/hidalgowestvirginia.pdf)

[6] En 2019, la BBC publicó un artículo titulado “Crisis de los opioides en Estados Unidos: la ciudad de 3.000 habitantes que fue inundada con más 20 millones de pastillas para el dolor”, en el que se informaba de que un pueblo minero de West Virginia (del conflictivo Mingo County) había sido inundado de 2006 a 2016 con 20 millones de pastillas para el dolor con contenido de opio. Se dice, asimismo, que una sola farmacia de la localidad vendió 10 millones de píldoras. El pueblo de nombre Williamson, pasó a ser apodado Pilliamson (de “pill”, “píldora”). He aquí el artículo: https://www.bbc.com/mundo/noticias-47682894

Bibliografía:

-“African American Coal Miners: Helen, WV”

https://www.nps.gov/neri/planyourvisit/african-american-coal-miners-helen-wv.htm

-“Battle of Blair Mountain”: https://en.wikipedia.org/wiki/Battle_of_Blair_Mountain

-“Coal Wars”: https://en.wikipedia.org/wiki/Coal_Wars

-“Flooded with opioids, Appalachia is still trying to recover

https://www.washingtonpost.com/health/flooded-with-opioids-appalachia-is-still-trying-to-recover/2019/07/24/26607328-ad4a-11e9-a0c9-6d2d7818f3da_story.html

-“The Appalachians: The Scotch-Irish “

https://www.youtube.com/watch?v=DHOyYQ0Wm_I

-“The Pinkertons Have a Long, Dark History of Targeting Workers” (https://www.teenvogue.com/story/who-were-the-pinkertons)

-“The Young Patriots Organization: Power to the People”: https://yporc.org/ypointro/

-“The Young Patriots and the Fight for the Working Class in Uptown”

https://beltmag.com/young-patriots-working-class-chicago/

-“West Virginia Mine Wars”:

https://www.nps.gov/articles/series.htm?id=C8B39227-C269-2EE9-F318CA6374FA310F

8 APORTES DE LA MILENARIA CULTURA PERSA A NUESTRA VIDA COTIDIANA

Margarita Rodríguez BBC , 05/04/2026 "El mundo persa es el responsable de muchas de las ideas que tenemos en Occidente", dice el p...