jueves, 4 de septiembre de 2025

¿POR QUÉ EL CRECIENTE FÉRTIL DEJÓ DE SER FÉRTIL Y SE CONVIRTIÓ EN UN DESIERTO?

Abel G.M.

National Geographic, 25/06/2025

[De esto se habla poco en los libros de historia escolares no vaya a ser que los estudiantes aprendan que los grandes cambios climáticos son de carácter natural y no los provocan las fábricas chinas.]

La región que recibió el título de “cuna de la civilización” es hoy un enorme desierto, y eso se debe en buena parte a razones que escapan del control humano.

En nuestras primeras clases de historia en la escuela, todos oímos hablar del Creciente Fértil o Media Luna Fértil: las llanuras situadas en el Levante Mediterráneo y el norte de África, bañadas por los grandes ríos Tigris, Éufrates y Nilo. Una tierra exuberante, donde nacieron la agricultura y las primeras grandes ciudades. Pero si miramos cualquier mapa satelital, nos damos cuenta enseguida que hoy gran parte de esa región es semiárida o desértica.

¿Parece extraño, verdad? ¿Qué tiene eso de fértil? Bueno, ahora no, pero hace miles de años aquella vasta región era, efectivamente, un vergel. Algunos estudiosos de los mitos y culturas antiguas ven en ese cambio tan drástico el origen del mito de la expulsión del Paraíso, presente en la Biblia y otros relatos antiguos. ¿Pero cómo pasó del paraíso agrícola a un paisaje seco y hostil? La razón es tan curiosa como inevitable: el movimiento de nuestro planeta.

De paraíso a desierto

Hace unos 5.000 o 6.000 años, cambios casi imperceptibles en la orientación de la Tierra hicieron que el eje terrestre se enderezara ligeramente y que su órbita se volviera menos excéntrica. Este fenómeno se debió a los llamados ciclos de Milankovitch, que afectan al movimiento de nuestro planeta en periodos de decenas o incluso cientos de miles de años. Estos cambios influyen en cuánta radiación solar recibe nuestro planeta en distintas regiones, lo que determina el clima a gran escala, provocando por ejemplo el inicio y fin de las eras glaciales.

El resultado en este caso fue que los veranos en el hemisferio norte fueron menos calurosos y, como consecuencia, se produjo una reducción de las lluvias que regaban el norte de África el Levante mediterráneo, ya que había menos vapor de agua en la atmósfera. El impacto en el Creciente Fértil fue progresivo: el Sáhara, que había sido una inmensa sabana, se convirtió en un desierto, los bosques retrocedieron y los suelos empezaron a perder su fertilidad.

En honor a la verdad, este fenómeno no fue el único responsable. Las sociedades antiguas, al construir canales de irrigación, consiguieron mejorar las cosechas, pero también provocaron efectos perjudiciales a largo plazo. Al inundar excesivamente los campos en un entorno ya seco, empezaron a aparecer costras salinas en el suelo, que perjudicaban la absorción del agua y la nutrición de las plantas. Mientras la agricultura permitía el crecimiento de grandes civilizaciones, la tierra estaba envejeciendo silenciosamente.

La era de los imperios

El deterioro se aceleró con el paso de los siglos, especialmente cuando imperios como el neobabilónico o el asirio se expandieron: la deforestación, la agricultura y el pastoreo excesivo acrecentaron la erosión y la erosión. Generación a generación, el paisaje cambió de manera lenta pero constante para las generaciones que vivían en el antaño Creciente Fértil, y fue de la mano del auge y caída de los imperios.

Algunas culturas supieron reaccionar a tiempo, pero otras se quedaron en el camino. Mientras las primeras culturas de Mesopotamia se desmoronaban y surgían otras en su lugar, civilizaciones como la egipcia sobrevivieron utilizando sus conocimientos técnicos para adaptarse a la nueva situación. Las sociedades descubrieron nuevas formas de subsistir usando el agua disponible, cambiando cultivos y desarrollando nuevos métodos de irrigación.

Hoy, el Creciente Fértil sigue siendo el hogar de millones de personas, pero su capacidad productiva es mucho menor que hace milenios. Su historia nos enseña que incluso las grandes civilizaciones están a merced de eventos cósmicos, y de hecho hay registros a lo largo de la historia reciente de “pequeñas edades del hielo” que han puesto en jaque a sociedades en teoría mucho más preparadas que las antiguas. Seguimos estando a merced de la tierra, y de la Tierra.

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