domingo, 14 de septiembre de 2025

CON LOS MÍSTICOS MUSULMANES DE LA SIERRA GRANADINA: "LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL NO EXISTE, ES UN NIHILISMO"

Antonio Lucas y Lucía Rivas

El Mundo, 29/08/2025

[No solo se les silencia sino que se niega su existencia ¿Qué opinan los españoles convertidos al islam del islamófobo occidente colectivo?]

Desde hace tres décadas, la comunidad sufí de Órgiva, una de las más destacadas de Europa, suma nuevos miembros. Enclavada en la capital de La Alpujarra cuenta con unas 150 familias, la mayoría de españoles conversos en busca de la espiritualidad a través del islam. Llegar a su centro no es fácil y menos después de lo ocurrido en Torre Pacheco y Jumilla. El sufismo, dicen, se basa en el amor incondicional a todo y a todos.

Esta fue la parada definitiva en España de Boabdil, último sultán del reino nazarí de Granada. Los Reyes Católicos lo descabalgaron de la Alhambra, donde nació en 1459, concediéndole el exilio en La Alpujarra. Órgiva fue el cobijo de aquel a quien su madre, en lo alto del collado que se llama desde entonces Suspiro del Moro, a las afueras de Granada, reprochó la derrota con una frase destemplada sin fact-checking posible: "Llora como mujer lo que no supiste defender como hombre". Boabdil murió en Fez (Marruecos) en 1533. Casi cinco siglos después, Órgiva es un pueblo de 6.000 habitantes enclavijado en La Alpujarra y donde conviven mujeres y hombres de 68 nacionalidades distintas. Aloja también la mayor comuna hippy de Europa, llamada Beneficio. Así que Órgiva tiene tablas de ONU, está en la montaña, a 450 metros sobre el nivel del mar, y dentro coexisten en armonía fenotipos humanos de distinta procedencia y horizonte sin lanzarse cal viva a los ojos.

De entre tantos llegados a Órgiva en las últimas décadas están los miembros de la comunidad sufí, místicos y ascetas musulmanes, mayormente conversos de raíz cristiana y mayormente españoles. El sufismo apoya su doctrina espiritual en la unión con Dios y el vehículo es el amor incondicional a todo y a todos. Hasta llegar a la sede de la Tariqa que preside el sheik Umar Margarit -fundador de esta comunidad sufí naqshbandi y nombrado emir por el jeque Nazim al-Haqqani en Chipre a mediados de los años 70- hay que seguir demasiadas instrucciones. Un laberinto que comienza bajo un puente, junto a una piscina municipal, cruza un río seco y se hace suavemente indescifrable entre cruces de caminos, campos de olivos, tierras de labranza, cortijos turísticos, calor desaforado y la extrañeza de lo que vamos buscando. Antes de recibir la aprobación para la visita pasaron semanas de conversaciones y silencios con otro sufí converso, referente principal en esta Tariqa, amabilísimo, madrileño de 67 años, coach, educado y bondadoso: Suleyman (antes Juan Antonio Martínez). "El Umar Margarit os espera el jueves próximo. Los jueves y viernes son los mejores días para visitar esta comunidad, pues nos encontramos muchos de nosotros para la convivencia y el rezo en la dergah [lugar para el culto]", informa.

El jueves estamos allí poco antes de la caída del sol. A mitad de camino Suleyman viene a rescatarnos. No hay manera de acertar con la ruta. Una vez en el destino, el Umar Margarit espera junto a otros dos sufíes en el jardín del centro espiritual alrededor de una mesa austera que tiene una tetera grande para ofrecer té moruno de bienvenida. Margarit es de Barcelona. Tiene 73 años. Se llamó Felipe una vez. Está rematado con una taqiyah [gorro] verde menta y la vestimenta es de corte otomano que facilita los movimientos en la oración. Las mujeres llevan pañuelos coloridos y ropa holgada. El rostro de Margarit es de volúmenes fuertes y asoma detrás de una barba larga, frondosa y solemne. Usa gafas de cristal grueso. De la boca se le han fugado un par de dientes de abajo. Combina el español con el árabe. Y aunque lleva más de 40 años en esta jurisdicción alpujarreña, conserva el acento catalán. Luce como lo que es, un líder espiritual. Da la mano con un leve recelo y se echa a hablar sin esperar la pregunta de cortesía. "Habéis llegado tarde", arranca. "Entiendo que llegar aquí por primera vez no es fácil. Se parece a atravesar un laberinto... En los centros iniciáticos de la antigüedad solía haber un laberinto previo, así el que encuentra el camino es el que en verdad debe llegar... No queremos poner indicaciones porque sin ellas ya aparecen demasiados curiosos. Aquí cualquiera es bienvenido, menos los youtubers. Esos no. Cuando han venido el resultado son unos vídeos engañosos que nada tienen que ver con nuestra vida espiritual. Reflejan esto como un paraíso o algo así, cuando somos un grupo espiritual con sus oficios, sus obligaciones, sus rigores y la oración. Nada más. Esta casa no sólo es para el rezo, también es un hospital donde se acoge a los heridos de la sociedad actual. Un lugar de la misericordia de Dios".

-Así que no les interesa...

-El problema de nuestro tiempo es que estamos construyendo constantemente realidades paralelas. Los políticos, los periodistas, los youtubers y demás sólo generan ficciones. Nuestro trabajo es volver a la realidad primordial y eso exige desprendernos de todas las ficciones mediante un proceso de limpieza y purificación, de renuncia a los caprichos y a los deseos. Algo así exige tener claro que te opones al sistema general de gran parte del mundo, impulsado por el consumo. La economía no se basa hoy en el ahorro, sino en la adquisición compulsiva. La supervivencia de la humanidad está en juego. Por eso es importante recuperar la realidad primordial. Sólo tienes que vaciarte: te está esperando.

Todo sin lanzar una sola pregunta. El té es formidable. En el porche de la dergah aguardan vecinos de la zona que llegan para la oración de la tarde. Hasta que el sheik Margarit no dé la orden nada se mueve aquí. Nadie se impacienta.

-¿Se sienten bien entendidos en Órgiva?

-Este lugar es un milagro. Órgiva es un milagro de respeto y convivencia.

-¿Y desde fuera de Órgiva...?

-Nos da igual lo que piensen de nosotros. Trabajamos para la gente que se acerca. Para quienes quieren venir a conocernos voluntariamente. Aquí no hay nada subvencionado. Ni por el Estado español. Ni por los Emiratos Árabes Unidos. Ni por la UE. Este es un lugar de búsqueda, no de recaudación. El sufismo es la esencia del Islam. Los maestros sufíes nos enseñan a adaptarnos al aquí y al ahora. Algo que choca de frente con los ritmos consumistas de este mundo cada vez más impostor e imposible. Quien busca el camino sufí es gente harta de mentiras. Gente que busca amor.

-¿Les inquieta que se extiendan las rachas de odio que se han vivido hace unas semanas en Torre Pacheco y en Jumilla?

-¿Inquietud? ¡Por qué! En absoluto. Lo que ha sucedido en esos lugares es propio de un buenismo que genera jóvenes monstruosos. Hoy vivimos realidades decapitadas que han sustituido las cabezas por melones. Sin religión no es posible tener conciencia plena del momento y del mundo. Lo que ha sucedido en Murcia y lo que sucede en tantos lugares delata que la mala educación asalvaja. La humanidad no desaparecerá por una descarga de bomba atómica, sino por la acción de bandas de salvajes. Es hora de comprender que la civilización occidental no existe. Es un nihilismo.

-Decir eso no parece ajustado a la realidad "esencial".

-Tengo total fe en la gente y en que sabremos al final oponerlos a quienes pervierten el orden natural de las cosas.

-¿Cuál es ese orden?

-El amor... Como habéis llegado tarde debemos dejarlo ahora. ¿Os quedáis al rezo?

Suleyman avisa a los fieles que esperan. El Umar Margarit se levanta con esfuerzo, va cantando algo en árabe acompasando los pasos al murmullo. Se ayuda de un bastón recio. Los hombres pasan a la sala principal, las mujeres a la galería trasera. Algunos de ellos se calzan un turbante rojo, blanco o verde botella a modo de corona mística. Simboliza la mortaja que cubrirá el último día el cuerpo desnudo del sufí. Jorge, un madrileño convertido, llama a la oración entonando versos del Corán cuando la luz decae para enfilar el tránsito entre el jueves y el viernes, día sagrado para los musulmanes. Van a comenzar con el rezo del Maghrib (o Magrib), la oración obligatoria del anochecer en el islam, se realiza justo después de la puesta del sol. Unos cánticos que bien podrían poner en solfa a los derviches. En la tradición sufí el rezo repetido es un acto de devoción que busca alcanzar un estado de éxtasis espiritual. Al final de este oficio hay fruta en las mesas del dergah (dátiles, higos, plátanos, uvas...), también leche y té.

Un nuevo canto llama a la siguiente oración. Al fondo, en La Alpujarra, el perfil del sol ha desaparecido. Las mujeres prefieren no aceptar preguntas. Los hombres, afables, cercanos, hospitalarios, no rehúyen. Al contrario, descifran lo que sucede. Hablan con calidez y aceptan bien la extrañeza del forastero. Suleyman habla con unos y con otros. Se dedicó a la traducción. Fue también guitarrista flamenco y domador de potros. Lleva siete años en esta Tariqa. "Antes de convertirme yo estaba seguro de no creer en nada religioso, pero obviamente sí creía. Sólo estaba a la espera de la manera de encontrarlo".

La noche se extiende por el cielo y el Umar Margarit da paso al último oficio. El dhikr sufí es una práctica devocional que consiste en el recuerdo de Dios a través de la repetición de sus nombres y súplicas del Corán, con el objetivo de alcanzar la iluminación espiritual, la unión con lo divino y la aniquilación del ego. Permanecen en el aire los recitados del oficio anterior y en este entran en una especie de embeleso o elevación. El líder hace calas de ideas propias muy particulares: "Alá enseña a no cuestionar. Las viejas civilizaciones se perdieron por preguntar demasiado", "La mayoría de la gente en este tiempo no cree en la otra vida"; "Quien no se purifica en esta vida tiene otra oportunidad en la vida de la tumba", "Hay que pasar el sirat, el puente, como por el filo de una espada" (esto no lo entendemos del todo). Y de golpe, una reflexión en inglés: "Grace in dying" ["La gracia en el morir"]. Son las 23.00 horas. De las mesas alguien recogió los dátiles.

El final de la reunión, con la medianoche ya en lo alto, es un espectáculo de abrazos. Después de varias horas de devoción, hombres y mujeres parecen salir de nuevo al mundo después de una huida hacia dentro en busca de ese vértice del espíritu donde se alcanza una sensación única de plenitud y bienestar. Eso quieren decir. Y sólo se necesita cierta práctica y un poco de convicción. Entre los jóvenes, Yassim, antes conocido como Ignacio Jacobo, es de Madrid. Queda en una de las mesas corridas del porche de la dergah dispensando una filosofía de variaciones entusiastas. "El sufismo me ha concedido lo que iba buscando: una familia", dice. "Y una razón. Y un lugar de paz en un mundo donde la gente se mata por ideas, por prejuicios y otras cosas banales. El islam es como un sentido común que hemos olvidado". A veces llega a jardines singulares en su conferencia. "Los medios de comunicación intentan enfrentar a cristianos con musulmanes porque no quieren que nos unamos. Si nos diéramos cuenta de que buscamos lo mismo...".

-El qué.

-El amor.

-Las guerras por religión...

-Es interpretar mal la palabra de Dios.

-Y el lugar de la mujer en el islam tampoco parece una opción de respeto.

-La mujer tiene su sitio y una importancia absoluta. El tema del hiyab [pañuelo que cubre la cabeza de las mujeres musulmanas], por ejemplo, es una elección.

-¿Una elección?

-Quien obliga a llevar el pañuelo a las mujeres no es musulmán de corazón. Llevar barba larga no te hace musulmán.

Yassim sonríe e invita a regresar a la Tariqa otro día. En esta comunidad sufí, la más importante de España, los fieles se dan un último abrazo más. Desprenden una discreta felicidad después de la escalada espiritual del jueves. El viernes la comida en grupo será copiosa. "Aquí todos son bienvenidos. Déjalo claro a quien le cuentes. Bienvenidos todos, menos los youtubers". Con más respeto que convicción salimos a oscuras bajo las montañas. El sheik Umar Margarit desapareció sin despedirse. La noche en La Alpujarra es un secreto guardado por las horas.

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