Gonzalo Aragonés
La Vanguardia, 14/07/2026
[Por mucho que se burle y despotrique La Vanguardia contra la nostalgia de la URSS, no pueden negar que en la Federación de Rusia es un fenómeno muy extendido, lo cual contrasta con la imagen que siempre han dado de la Unión Soviética los medios occidentales como una tiranía de la cual la gente huía en masa. Nada más lejos de la realidad histórica.]
Mijaíl Gorbachov no fue el último líder de la URSS, porque la Unión Soviética sigue existiendo y ha sido secuestrada por una empresa privada que se llama Rusia. Todas las facturas que sus ciudadanos pagan, como luz, gas o hipotecas, ni qué decir de los impuestos, son ilegales...
Miles de ciudadanos rusos, según datos del FSB, viven en esta realidad paralela 35 años después de la desintegración soviética.
Vladímir Koriakin se presenta como el continuador legítimo del poder soviético y “secretario general del PCUS”
El autoproclamado secretario general del movimiento Ciudadanos de la URSS, también llamado Unión de Fuerzas Eslavas de Rusia (o URSS, por sus siglas en ruso), es Vladímir Koriakin y pasó este 13 de julio, el día de su 81 cumpleaños, en una celda de Moscú. La semana pasada fue arrestado y acusado de extremismo.
Durante años, Koriakin se ha negado a usar documentos modernos, como el pasaporte interno ruso (equivalente al documento nacional de identidad). Él y sus seguidores no reconocen las leyes rusas. En función de su cargo ficticio, en el 2019 se dirigió por carta a la ONU. En ella se presentó a sí mismo como el continuador legítimo del poder soviético y el líder electo Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS).
Según diversas estimaciones, Ciudadanos de la URSS, una organización que funciona como una secta, tendría actualmente unos 10.000 seguidores en todo el mundo. En el 2018, cuando la justicia rusa llevó a los tribunales el primer caso contra el movimiento, el Servicio de Seguridad de Rusia (FSB) creía que contaba con 150.000 adeptos.
Los grupos nostálgicos de la extinta URSS sugrigeron en 1995 pero la Unión de Fuerzas Eslavas de Rusia apareció en 2010
El pasado junio una residente de la región de Kaliningrado (en el mar Báltico) se enfrentó de forma violenta a un inspector de la compañía eléctrica que venía a desconectarle la luz por no pagar una deuda de 30.000 rublos (342 euros), y luego le robó su teléfono. Según ella, tenía derecho a usar la electricidad de forma gratuita.
En 1995 ya aparecieron grupos de nostálgicos que se seguían considerando ciudadanos de la Unión Soviética. Pero el movimiento como tal comenzó a coger forma en el 2010 tras un episodio un tanto anecdótico.
Serguéi Taraskin, un médico dentista de Dushambé (capital de Tayikistán) se había mudado a Moscú y había abierto una clínica. No pudo pagar los préstamos que había pedido y ante el Tribunal de Arbitraje de la capital rusa declaró que era el “presidente interino de la URSS”. Taraskin argumentó que, dado que había tomado un préstamo en la Federación Rusa, no estaba obligado a devolverlo.
En torno a esta idea empezó a formarse una organización. Años después la justicia rusa comenzó a actuar. En el 2018 llega el primer caso a los tribunales, cuando quien se decía líder de la región soviética de Sverdlovsk, Andréi Zlokázov, fue acusado de hacer llamamientos al extremismo. En el registro de su casa se descubrió que fabricaba y vendía pasaportes de la URSS y otros documentos, o matrículas soviéticas para vehículos. Tras el juicio fue puesto en tratamiento psiquiátrico obligatorio.
En el 2019 la justicia declaró a la Unión de Fuerzas Eslavas de Rusia (URSS) organización extremista y prohíbe sus actividades en el país. Tres años después condenó a su “presidente” Taraskin a ocho años de prisión por organizar actividades de una organización extremista.
Este falso movimiento aprovecha el dolor por la desintegración del imperio, el odio a la burocracia, la soledad de los ancianos o la nostalgia del país de juventud
Este falso movimiento aprovecha el dolor por la desintegración del imperio, el odio a la burocracia, la soledad de los ancianos o la nostalgia del país de juventud. Pero se sostiene también sobre el mercado fraudulento de documentos y pasaportes, la creencia de que en una URSS aún viva cualquier deuda quedará anulada y, por supuesto, con las cuotas de los creyentes, que no se pagan con dinero del país imaginario.
Las ideas y la forma de actuar de este movimiento ruso no son autóctonas. Por sus ideas, se le ha comparado con los llamados “ciudadanos soberanos” de Estados Unidos, que rechazan la jurisdicción del Estado, sus impuestos, sus permisos y sus tribunales; y con los Reichsbürger alemanes, es decir, los “Ciudadanos del Reich” inexistente, que no reconocen a Alemania como Estado y que incluye algunas organizaciones radicales y violentas.
Si los tribunales de Moscú declaran culpable de extremismo a Koriakin, el sucesor de Gorbachov en su nostálgica realidad paralela podría pasar los próximos seis años en una prisión que, desgraciadamente para él, sí existe.
